miércoles, 5 de febrero de 2025

¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?


 El mundo de la filosofía.

 Lee el siguiente texto de Joostein Gaarder extraído de su novela El mundo de Sofía.

 “¿Qué es lo más importante en la vida? […] Los filósofos opinan que el mundo necesita encontrar una respuesta a quién somos y por qué vivimos. […] La mejor manera de aproximarse a la filosofía es plantear algunas cuestiones filosóficas: ¿Cómo se creó el mundo? ¿Existe alguna voluntad o intención detrás de lo que sucede? ¿Hay otra vida después de la muerte? ¿Cómo podemos solucionar problemas de este tipo? Y, ante todo ¿cómo debemos vivir? En todas las épocas, los seres humanos se han hecho preguntas de este tipo. No se conoce ninguna cultura que no se haya preocupado por saber quiénes son los seres humanos y de dónde procede el mundo. […] La búsqueda de la verdad que emprenden los filósofos podría compararse, quizás, con una historia policíaca. […] Por filosofía entendemos una manera de pensar totalmente nueva que surgió en Grecia alrededor del año 600 antes de Cristo. Hasta entonces, habían sido las distintas religiones las que habían dado a la gente las respuestas a todas esas preguntas que se hacían. Estas explicaciones religiosas se transmitieron de generación en generación a través de los mitos. Un mito es un relato sobre dioses, un relato que pretende explicar el principio de la vida. Por todo el mundo ha surgido, en el transcurso de los milenios, una enorme flora de explicaciones míticas a las cuestiones filosóficas. Los filósofos griegos intentaron enseñar a los seres humanos que no debían fiarse de tales explicaciones. Para poder entender la manera de pensar de los primeros filósofos, necesitamos comprender lo que quiere decir tener una visión mítica del mundo. Utilizaremos como ejemplos algunas ideas de la mitología nórdica […] Seguramente habrás oído hablar de Tor y su martillo. Antes de que el cristianismo llegara a Noruega, la gente creía que Tor viajaba por el cielo en un carro tirado por dos machos cabríos. Cuando agitaba su martillo, había truenos y rayos. La palabra noruega “torden” (truenos) significa precisamente eso “ruidos de Tor”. Cuando hay rayos y truenos, también suele llover. La lluvia tenía una importancia vital para los agricultores en la época vikinga; por eso Tor fue adorado como el dios de la fertilidad. Es decir: la respuesta mítica a por qué llueve, era que Tor agitaba su martillo; y, cuando llovía, todo crecía bien en el campo. […]

Los vikingos se imaginaban que el mundo habitado era una isla constantemente amenazada por peligros externos. A esa parte del mundo la llamaban Midgard (‘el patio en el medio’), es decir, el reino situado en el medio. En Midgard se encontraba además Asgard (‘el patio de los dioses’), que era el hogar de los dioses. Fuera de Midgard estaba Utgard (‘el patio de afuera´), es decir el reino que se encontraba afuera. Aquí vivían los peligrosos trolls (los ‘gigantes’), que constantemente intentaban destruir el mundo mediante astutos trucos. A esos monstruos malvados se le suele llamar ‘fuerzas del caos’. Tanto en la religión nórdica como en la mayor parte de otras culturas, los seres humanos tenían la sensación de que había un delicado equilibrio de poder entre las fuerzas del bien y del mal. Los trolls podían destruir Midgard raptando a la diosa de la fertilidad, Freya. Si lo lograban, en los campos no crecería nada y las mujeres no darían a luz. Por eso era tan importante que los dioses buenos pudieran mantenerlos en jaque. También en este sentido Tor jugaba un papel importante. Su martillo no sólo traía la lluvia, sino que también era un arma importante en la lucha contra las fuerzas peligrosas. El martillo le daba un poder casi ilimitado. Por ejemplo, podía echarlo tras los trolls y matarlos. Y además, no tenía que tener miedo de perderlo, porque funcionaba como un bumerán y volvía a él. He aquí la explicación mítica de cómo se mantiene la naturaleza, y cómo se libra una constante lucha entre el bien y el mal. Y esas explicaciones míticas eran precisamente las que los filósofos rechazaban. […] Alrededor del año 700 a. De C., gran parte de los mitos griegos fueron plasmados por escrito por Homero y Hesíodo. Con esto se creó una nueva situación. Al tener escritos los mitos, se hizo posible discutirlos. Los primeros filósofos griegos criticaron la mitología de Homero sólo porque los dioses se parecían mucho a los seres humanos y porque eran igual de egoístas y de poco fiar que nosotros. Por primera vez se dijo que quizás los mitos no fueran más que imaginaciones humanas. Encontramos un ejemplo de esta crítica de los mitos en el filósofo Jenófanes, que nació en el 570 a. De C. ‘Los seres humanos se han creado dioses a su propia imagen’ decía. ‘Creen que los dioses han nacido y que tienen cuerpo, vestidos e idioma como nosotros. Los negros piensan que los dioses son negros y chatos, los tracios los imaginan rubios y con ojos azules. ¡Incluso si los bueyes, caballos y leones hubieran sabido pintar, habrían representado dioses con aspecto de bueyes, caballos y leones!’. Precisamente en esa época, los griegos fundaron una serie de ciudades - estados en Grecia y en las colonias griegas del sur de Italia y en Eurasia. En estos lugares los esclavos hacían todo el trabajo físico, y los ciudadanos libres podían dedicar su tiempo a la política y a la vida cultural. En estos ambientes urbanos evolucionó la manera de pensar de la gente. Un  solo individuo podía, por cuenta propia plantear cuestiones sobre cómo debería organizarse la sociedad. De esta manera, el individuo también podía hacer preguntas filosóficas sin tener que recurrir a los mitos heredados. Decimos que tuvo lugar una evolución de una manera de pensar mítica a un razonamiento basado en la experiencia y la razón. El objetivo de los primeros filósofos era buscar explicaciones naturales a los procesos de la naturaleza”. 

Jostein Gaarder, El mundo de Sofía. Novela sobre la historia de la filosofía, Editorial Siruela, España, 1995.pp. 13-14, 25-27, 31-32

 Joostein Gaarder nació en Oslo, en 1952. Es Profesor de filosofía y de Historia de las Ideas. En su novela El mundo de Sofía, realiza desde la ficción y con las características de una novela de suspenso una historia de la filosofía para jóvenes.



ACTIVIDADES

1- A partir del texto y de otras lecturas y/o películas y documentales que hayas escuchado y visto ¿Qué entendés por filosofía? Como actividad del pensamiento ¿Para qué te parece que puede utilizarse?
2- Según Gaarder ¿Cuáles son las preguntas básicas de la filosofía? ¿Sobre qué temas son estas preguntas? ¿Cuáles otras se te ocurren?
3- ¿Qué diferencias encontrás en el texto entre mito y filosofía? 
4- ¿Qué otros mitos conocés aparte de los que nombra el autor? ¿A qué civilización pertenecen? 
5- Elegí un mito de los nombrados por Gaarder o uno preferido tuyo y realizá una ilustración, una historieta, un material audiovisual o del formato qué quieras. 
6- ¿Por qué fue criticada la mitología por la filosofía? 
7- ¿Sobre qué temas o cuestiones de la vida, te dedicás a reflexionar en soledad? ¿Y con otras personas? 
8- ¿Te parece que tus reflexiones se aproximan a un tipo de pensamiento o de temas filosóficos? ¿Por qué? Fundamentá y argumentá tus respuestas

miércoles, 3 de agosto de 2022

LAS CIENCIAS FORMALES Y FÁCTICAS. MÉTODO. LEYES. TEORÍAS.



 

CLASIFICACIÓN DE LAS CIENCIAS

1.       FORMALES

 LÓGICA

MATEMÁTICAS

ARITMÉTICA

GEOMETRÍA

ÁLGEBRA

ESTADÍSTICA

 

2.       EMPÍRICAS

NATURALES

ASTRONOMÍA

FÍSICA

QUÍMICA

GEOGRAFÍA FÍSICA

GEOLOGÍA

BIOLOGÍA

SOCIALES O HUMANAS

PSICOLOGÍA

SOCIOLOGÍA

ECONOMÍA

HISTORIA

GEOGRAFÍA HUMANA

ANTROPOLOGÍA

3.       APLICADAS

INGENIERÍA

ARQUITECTURA

FARMACIA

MEDICINA

 


 

 

 


Las ciencias formales son aquellas cuyos enunciados no dicen nada sobre los hechos observables y, por lo tanto, la verdad de sus conclusiones depende únicamente de la corrección del uso de la deducción. El punto de partida se llama axioma (verdades evidentes que no necesitan demostración). Son necesarios además símbolos y reglas que deben ser definidos para operar dentro del sistema.

Las ciencias empíricas son aquellas que se refieren a hechos del mundo observable. Tratan de explicar los hechos y establecer leyes y teorías que permitan predecir. A las ciencias empíricas se las divide en naturales y humanas.

 

EL MÉTODO EN LAS CIENCIAS.

El método es un camino. La provisionalidad es una virtud propia del método científico para producir conocimientos parciales, aproximaciones que deben ser constantemente reanalizadas.

Las ciencias utilizan conceptos, hipótesis, leyes y teorías. Los principales métodos utilizados son: axiomático, inductivo, hipotético deductivo, hermenéutico.

Concepto: términos que forman parte del vocabulario de las ciencias. El concepto científico es aquel definido de forma tal que tiene un uso específico en cada ciencia. Por medio de los conceptos cada ciencia define su propio lenguaje. Así los conceptos adquieren sentido dentro de un contexto.

Hipótesis: cuando se tiene un problema es necesario sugerir alguna solución. Si estas sugerencias son formuladas en forma de proposiciones se considera que se estableció una hipótesis, la cual es una respuesta provisional a un determinado problema.

Leyes: son hipótesis demostradas. Pueden predecir comportamientos futuros y junto con otras leyes forman teorías.

Teorías: es un marco desde el que se interpreta la realidad.

FORMULACIÓN DE HIPÓTESIS.

Características de la hipótesis:

1.       Debe dar una respuesta al problema.

2.       Debe ser posible que se deriven de ella consecuencias, si se cumplen las consecuencias, será válida.

3.       Debe permitir previsiones o predecir comportamientos aun no observados.

4.       Debe ser siempre lo más simple posible desde el punto de vista sistemática para explicar el mayor número de casos posibles.

 

Ejemplo histórico:

PROBLEMA: por qué la tasa de mortalidad era tan alta en las mujeres parturientas de la 1° dicisión de maternidad del hospital general de Viena (Dr. Semmelweis 1818-1865)

HIPÓTESIS: puede ser debida a la “materia infecciosa” proveniente de las autopsias, presentes en manos de los doctores que las examinaban.

CONSECUENCIAS: si se lavan las manos con cal clorurada disminuirá. Se hizo así y la tasa disminuyó.

PREVISIONES: la mortalidad debería ser más baja en la 2° división porque no eran revisadas por portadores de “materia infecciosa”. SE comprobó que así era.

SIMPLICIDAD: el doctor descartó otras hipótesis más complejas cuya contrastación resultaba muy difícil y optó por la presentada

 MÉTODOS. CLASIFICACION DE LAS CIENCIAS. TEXTOS

 

TEXTO 1: El método científico es un rasgo característico de las ciencias, tanto de la pura como la de la aplicada: donde no hay método científico no hay ciencia. Pero no es infalible ni autosuficiente. El método científico es falible: puede perfeccionarse mediante la estimación de los resultados a los que lleva y mediante el análisis directo. Tampoco es autosuficiente: no puede operar en un vacío de conocimiento, sino que requiere algún conocimiento previo que pueda luego reajustarse y elaborarse; y tiene que complementarse mediante métodos especiales adaptados a las peculiaridades de cada tema.

M Bunge. La investigación científica

 

TEXTO 2: Las disciplinas científicas se caracterizan, entre otras cosas, por el uso de un vocabulario específico, de ciertas palabras y expresiones que no son del acervo común de los lenguajes comúnmente hablados, sino que son introducidas especialmente en un contexto científico. El sentido de tales términos no puede ser apresado plenamente si no se tiene un conocimiento mínimo de la disciplina en la que aparecen. No nos referimos a expresiones procedentes del lenguaje matemático puro (expresiones aritméticas, geométricas, algebraicas por ejemplo), sino términos que tienen, o pretenden tener, una referencia a la realidad empírica, pero cuyo manejo adecuado es muy difícil, cuando no imposible, para personas que no estén suficientemente entrenadas en la disciplina en la que aparecen. Ejemplos de tales términos o expresiones, característicos de distintas disciplinas científicas, son: “fotón”, “spin”, “campo electromagnético”, “entropía”, “momento angular”, “ion”, “placa tectónica”, “gen”, “reflejo condicionado”, plusvalía”, “juego de suma cero”. Alguno de ellos ha hecho ya su entrada en el lenguaje común no científico, como es el caso de “entropía”, “reflejo condicionado” o “plusvalía”, pero, incluso en esos casos, su uso por parte de los hablantes no especializados suele ser metafórico, inseguro; en definitiva, el hablante normal es consciente de no ser capaz de usarlos con la misma soltura y propiedad con las que usa los términos usuales de su vida cotidiana, como “agua”, “árbol”, “montana”, “casa”, etc.

C. Ulises Moulines. La ciencia y su desarrollo

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TEXTO 3: Una ley científica es una hipótesis de una determinada clase, a saber: una hipótesis confirmada de la que se supone que refleja un esquema objetivo. La posición central de las leyes de la ciencia se reconoce al decir que el objetivo capital de la investigación científica es el descubrimiento de esquemas o estructuras. Las leyes condensan nuestro conocimiento de lo actual y lo posible; si son profundas, llegarán cerca de las esencias. En todo caso, las teorías unifican leyes, y por medio de las teorías –que son tejidos de leyes- entendemos y prevemos los acontecimientos.

M. Bunge. La investigación científica.

 

TEXTO 4: Para poder analizar la naturaleza del universo, y poder discutir cuestiones tales como si ha habido un principio o si habrá un final, es necesario tener en claro lo que es una teoría científica. Consideraremos aquí un punto de vista ingenuo, en el que una teoría es simplemente un modelo del universo, o de una parte de él, y un conjunto de reglas que relacionan las magnitudes del modelo con las observaciones que realizamos. Esto sólo existe en nuestras mentes, y no tiene ninguna otra realidad (…) Una teoría es una buena teoría siempre que satisfaga dos requisitos: debe describir con precisión un amplio conjunto de observaciones sobre la base de un modelo que contenga sólo unos pocos parámetros arbitrarios, y debe ser capaz de predecir positivamente los resultados de observaciones futuras.

RESPONDER EL SIGUIENTE CUESTIONARIO:

1)     Diferenciar las ciencias formales de las ciencias fácticas.

2)     ¿Por qué es necesario utilizar un método en la investigación científica?

3)     ¿cuál es el papel que juegan las hipótesis en las investigaciones?

4)     ¿qué diferencia hay entre una ley y una teoría?

5)     ¿qué significa la siguiente afirmación: “el método científico es falible”?

6)     ¿qué quiere decir cuando se dice que las disciplinas científicas usan “vocabulario específico”?

7)     ¿para qué las leyes formulan leyes y teorías?

8)     ¿Cuándo una teoría es considerada una “buena teoría”?

lunes, 4 de julio de 2022

El problema del conocimiento


 

FILOSOFÍA. PROF. PECORA.      EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO

 

PARA REFLEXIONAR

 

De paso

Luis Eduardo Aute

Decir espera es un crimen
Decir mañana es igual que matar
Ayer de nada nos sirve
Las cicatrices
No ayudan a andar

Sólo morir permanece
Como la más inmutable razón
Vivir es un accidente
Un ejercicio
De gozo y dolor

Qué no, qué no
Que el pensamiento no puede tomar asiento

Que el pensamiento es estar
Siempre de paso
De paso, de paso
De paso

Quien pone reglas al juego
Se engaña si dice que es jugador
Lo que le mueve es el miedo
De que se sepa
Que nunca jugó

La ciencia es una estrategia
Es una forma de atar la verdad
Que es algo más que materia
Pues el misterio
Se oculta detrás

Hay demasiados profetas
Profesionales de la libertad
Que hacen del aire bandera
Pretexto inútil
Para respirar

En una noche infinita
Que va meciendo a este gran ataúd
Donde olvidamos que el día
Sólo es un punto
Un punto de luz

 

LUEGO DE LEER EL POEMA DE LUIS EDUARDO AUTE, RESPONDAN:

 

1.     ¿Qué noción de tiempo nos presenta?

2.     En relación a la noción de tiempo… ¿qué es el pensamiento para el autor?

3.     Según el poema, ¿podemos llegar a la verdad?

4.     ¿Qué es la vida? ¿Podemos llegar a la verdad en esta vida?

5.     ¿Cuál es la tarea de vivir?

 

EL VALOR DEL CONOCIMIENTO.

A través del conocimiento le vamos dando significado al mundo en que vivimos. En cada época se fueron develando aspectos del mundo y ocultándose otros. Podemos decir que en la antigüedad la forma más alta del conocimiento era la sabiduría entendida como un saber del mundo y un saber obrar. Consistía en la contemplación de un orden cósmico armónico que la inteligencia buscaba reflejar. Entonces la teoría era ver el mundo de un modo adecuado. Existía un punto de vista acertado sobra las cosas concedido al que accedía la sabiduría. Implicaba alcanzar una visión de la totalidad sin quedar atados a puntos de vistas parciales, porque la parcialidad era un error, visión incompleta. El ideal era el sabio, el que sabía ver y por eso podía obrar sensatamente. Él era el hombre virtuoso y sólo él podía decir qué era prudente. El conocimiento tenía aquí un efecto liberador de las ilusiones, de las falsas creencias, de la ignorancia. Por eso la vida del sabio era la vida feliz.

En la modernidad desaparece el ideal del sabio y es reemplazado por el del investigador. Esto se debe a que el conocimiento deja de ser un punto de vista acertado acerca de la realidad, deja de ser un saber esencial acerca del mundo. Pasa a ser conocimiento científico y su fin es determinar las leyes según las cuales funciona la naturaleza, para poder intervenir y producir las modificaciones que fuesen necesarias. No olvidemos que se construyen sobre la base de la ideología del progreso y del bienestar de la humanidad por el conocimiento. Habrán escuchado afirmaciones tales como “conocer es poder”, o “el conocimiento evita la manipulación”.

Hoy asistimos a la transformación del conocimiento en información. Ya no se trata de comprender el mundo ni de saber cómo funciona, sino más bien de ser operativos. La nueva figura es el administrador de la información u operador y su meta es la eficiencia. Se trata de saber disponer de la información, organizarla y distribuirla con el fin de optimizar la acción. El juego de la información consiste en saber acceder a un banco de datos para determinar qué y cómo hacerlo, pues cuanto mejor se organicen, mejor resultará la acción que de allí se derive. Por eso se habla hoy de un comportamiento económico del conocimiento, al punto que se liga la producción de la riqueza con el control de la información.

Como ven, el conocimiento ocupa un lugar central en nuestra vida como individuos y como la sociedad.

 

RESPONDAN:

1.     Leemos en el texto distintos períodos, ¿dónde ubicarías el conocimiento basado en los textos sagrados (Biblia, Corán, Talmud)?

2.     ¿En qué período ubicarías las redes sociales?

3.     ¿Qué tipo de información obtenemos a través de las redes sociales?

LEAMOS LA SIGUIENTE NOTA DE LA REVISTA FORBES MÉXICO.

Qué piensan los filósofos sobre las redes sociales

Rubén Vázquez https://www.forbes.com.mx/que-piensan-los-filosofos-sobre-las-redes-sociales/

Los que andamos en el ajetreo de las redes sociales, por lo general realizamos actividades que son muy pragmáticas. Es verdad que nuestra labor requiere de mucha creatividad, pero también lo es que siempre está enfocada a lograr los objetivos que el cliente persigue.

No obstante, el fenómeno de las redes sociales es mucho más complejo que una simple plataforma digital para conectar a individuos. En realidad, el hecho de que tantas personas estén hablando, intercambiando ideas, debatiendo y pensando juntas tiene efectos concretos sobre el mundo físico. Por ello no debemos olvidar que siempre es importante mantener un proceso de reflexión sobre todas las actividades de la comunicación digital y sus consecuencias en la sociedad que vivimos.

Por ello es importante conocer qué piensan los que piensan sobre las redes sociales y el mundo digital. Las posturas se mueven de un extremo a otro y son, incluso, contradictorias, pero, eso sí, muy enriquecedoras.

Por ejemplo, para Manuel Castells, uno de los sociólogos que más ha escrito sobre el tema digital y un referente obligado en la academia al hablar sobre comunicación digital, las redes sociales representan una oportunidad para el cambio social. Castells plantea que dichas plataformas pueden convertirse en una palanca del cambio social, pues pueden lograr que lo que parece imposible pueda lograrse a través de redes de comunicación y colaboración digitales.

Así, en su último libro Redes de indignación y esperanza: los movimientos sociales en la era de Internet, Castells ubica a la web como un poderoso aliado de aquellos que de alguna manera se encuentran expuestos ante las redes de poder económico y político, dotándolos de la fuerza suficiente para concebir y concretar acciones de cambio social que fluyen desde el mundo digital hasta el mundo físico.

Caso opuesto es el de Noam Chomsky, lingüista de formación y una de las figuras clave de la izquierda estadounidense, pone en duda lo que Internet y las redes sociales han construido en las sociedades contemporáneas. Chomsky explica que, de alguna manera, la red crea una sensación equivocada de pertenencia y autonomía, pues al construir relaciones basadas en interacciones digitales, sólo se construye una falsa idea de amistad, superficial y limitada.

Además considera que la neutralidad de la red está puesta en duda, ya que empresas gigantescas como Google y Facebook recopilan grandes cantidades de datos sobre los individuos, que después utilizarán como parte de sus estrategias comerciales. Es tal la cantidad de información que recopilan, opina Chomsky, que está más allá de lo que cualquier gobierno puede recabar por sí mismo. Por ello la colaboración entre ambas entidades es común.

Zygmunt Bauman, filósofo de origen polaco y uno de los principales críticos de Internet y las redes sociales, ha señalado que el éxito de portales como Facebook se debe al temor de estar solo y ser rechazado. Señala, además, que Internet ha creado una doble vida, online y offline, cada una con sus propias características. En la vida online, la capacidad de escuchar, negociar y cohabitar con otros seres humanos se ve solucionada, pues no es necesario negociar, sino apretar botones.

Algo similar expresó Umberto Eco respecto a Internet, pues si bien considera que no se puede prescindir de él, sí crea una sensación de acompañamiento falsa. Además considera que la memoria artificial en línea puede crear muchas referencias falsas en la construcción del conocimiento, sobre todo en las generaciones más jóvenes.

Anthony Giddens tiene una visión menos fatalista sobre la red. Giddens, quien en su momento fue el principal teórico sobre la Tercera Vía (una política social que de alguna manera fusiona las posturas socialistas y capitalistas) y que le valió convertirse en uno de los asesores del ex primer ministro inglés Tony Blair, considera que Internet es en realidad uno de los fenómenos más grandes de comunicación que ha concebido al humanidad.

En ese sentido, la web reclama una responsabilidad total y absoluta por parte de los usuarios, ya que prácticamente cualquier individuo o Estado pueden vigilar a cualquier otra persona. Además señala que gracias a este proceso de comunicación global, de alguna manera el pasado ya no puede ser tomado como referencia para construir el futuro, pues los cambios se suceden de manera intempestiva y con rapidez.

Al final, Pierre Levy, filósofo de origen tunecino e investigador del ciberespacio, considera que la red y todas sus plataformas de comunicación e interacción representan una forma de incrementar la inteligencia y el conocimiento que tenemos sobre el mundo que nos rodea. La inteligencia colectiva, explica Levy, es la suma de la participación y reflexión de personas que trabajan de forma colaborativa sobre un tema específico. Impulsada por la aparición de Internet, la inteligencia colectiva representa un salto gigantesco en la forma de producir y compartir el conocimiento.

Sea cual sea la forma en la que veamos a Internet y las redes sociales, siempre es importante reflexionar sobre nuestro trabajo y los alcances que tiene. Comprender su impacto también parte de nuestra labor como community managers, pues nos permitirá tener un mejor fundamento de lo que hacemos y un mejor desempeño laboral. No todo es programar contenidos.

LUEGO DE LEER LA NOTA.

1.     Sintetiza las principales ideas de cada pensador.

2.     ¿Con cuál o cuáles de ellas estás de acuerdo? ¿por qué?

3.     ¿Qué relación tenés con las redes? ¿Cuáles usas?

4.     ¿Te informás a través de las redes?

5.     ¿Qué papel jugaron para vos las redes en época de pandemia?

QUÉ ES EL CONOCIMIENTO

La gnoseología o teoría del conocimiento es la disciplina filosófica que reflexiona acerca del conocimiento general. Se pregunta si es posible el conocimiento, cuáles son los límites del conocimiento, cuáles son los límites del conocimiento humano, cómo se relacionan experiencia y razón, cómo es posible pasar del conocimiento de lo particular y concreto al concepto, que es universal.

El conocimiento es una actividad que siempre involucra a alguien (sujeto) que conoce algo (objeto). El conocimiento es esa relación.

Se ha planteado como problema en todas las épocas y en cada una se ha acentuado o bien el papel del objeto, o bien el papel del sujeto que conoce; y se ha interpretado el vínculo entre ambos de manera diferente.

En la interpretación tradicional, el conocimiento es visto como una relación entre un sujeto cognoscente y un objeto por conocer, en el cual el primero busca aprehender el objeto. Pero en ese vínculo ambos están separados, se dice que son trascendentes uno respecto del otro. El objeto no se modifica en el acto de conocimiento, en cambio el sujeto sí, dado que incorpora las características del objeto.

En la interpretación moderna se acentúa el protagonismo del sujeto. El conocimiento se propone como una composición entre las estructuras cognoscitivas del sujeto y lo que aporta el objeto. O bien se lo plantea como una relación dialéctica en la que ambos se implican mutuamente, ya que a medida que se transforma el punto de vista del sujeto se transforma lo que el objeto muestra y por lo tanto la comprensión de éste.

En nuestra época, una de las posiciones más importantes acerca del conocimiento es la fenomenología.

El conocimiento es considerado como un fenómeno que se manifiesta en la experiencia. Se trata entonces de describir el fenómeno del conocimiento, buscando identificar los elementos que lo componen.

Hemos mencionado las posiciones generales en torno del conocimiento, y antes de conocer el desarrollo de esta cuestión a lo largo de la historia de la filosofía.

POSTURAS ANTE EL CONOCIMIENTO

ESCEPTICISMO

La palabra escepticismo proviene del verbo griego esképtomai, que significa vigilar, examinar cuidadosamente, no confiar en las aparentes certezas, dudar, no afirmar nada precipitadamente.

En la historia del pensamiento occidental aparece con Pirrón de Elis quien, según se cuanta, acompañó a Alejandro Magno en su conquista de Oriente (334-323 a.C).

La confrontación con los valores culturales de esos pueblos influyó tanto su manera de comprender la realidad, como la experiencia de observar la rapidez con que se podía destruir todo lo que hasta entonces había sido considerado indestructible.

De regreso a Elis, no fundó una escuela propiamente dicha, pero tuvo admiradores y seguidores que recogieron del maestro, sobre todo un modelo de vida. Pirrón no dejó nada escrito, pero, a través de sus discípulos, se sabe que consideraba que las cosas del mundo son inestables y que los sentidos y la razón no son capaces de alcanzar la verdad. La única actitud correcta que el hombre puede asumir es permanecer sin opinión, porque toda opinión ya es un juicio y no se puede afirmar ni negar nada con absoluta certeza.

Con Sexto Empírico, médico y filósofo griego de principios del siglo III d.C aparece la forma más radical del escepticismo: “Siempre que buscamos si el objeto es tal como nos aparece, concedemos que aparece. No ponemos en duda el fenómeno mismo. Así la miel nos parece dulce; lo admitimos porque tenemos la sensación de dulzor. No investigamos si la miel es dulce por esencia, porque esto no es un fenómeno sino un juicio sobre el sobre el fenómeno.”

Los escépticos no declaran la imposibilidad de alcanzar algún conocimiento verdadero porque ése sería un juicio afirmativo. Suspender el juicio es saber que toda supuesta verdad es sólo provisional, y que depende de las apariencias circunstanciales.

No olvidemos que una postura escéptica frente al conocimiento influirá en la actitud que un sujeto o una sociedad tenga ante la vida. En este sentido, el escepticismo tiene que ver con el descreimiento en las instituciones, la falta de confianza en un proyecto político, en la validez de los principios éticos incontrovertibles o en la posibilidad salvífica de un fundamento religioso.

 

RELATIVISMO

 

El relativismo es la postura que considera que no podemos conocer nada de manera absoluta: todas las llamadas verdades, todos los juicios emitidos, son relativas a los sujetos, a la época, a las circunstancias, a la cultura.

En la filosofía occidental, el relativismo tiene su primera expresión importante en Protágoras (s. V a.C) contemporáneo de Sócrates y amigo personal de Pericles, quien se llamó a sí mismo sofista. Según Platón, Protágoras afirmaba: “Yo digo que el hombre es la medida de lo que es y de lo que no es; que hay una inmensa diferencia entre un individuo y otro, precisamente porque para uno son y parecen ciertas cosas, para el otro otras (…)”.

Para el relativismo no hay verdades reconocidas por todos y esto determina, en el plano de la acción, la falta de criterios firmes para evaluar y elegir.

 

DOGMATISMO.

Con el tiempo, la palabra dogma fue variando su significación. Un dogma era, en principio, una opinión tenida como cierta. Hacía referencia a los juicios considerados verdaderos y sobre los que se podía construir una doctrina.

Posteriormente, la palabra dogma adquirió el carácter de verdad inamovible e incuestionable que se acepta, o bien como obvia o bien como principio de autoridad. En este último sentido, podemos hablar de una posición dogmática no sólo respecto de cuestiones religiosas sino también de cuestiones políticas o científicas.

En el interior de la actitud dogmática hay una resistencia al cambio que se manifiesta como tendencia a la repetición. Se sobrevalora el criterio de autoridad de la tradición como pauta de discernimiento entre los verdadero y los falso; se apela al papel legitimador de las costumbres y en especial de las buenas costumbres, sin cuestionar sus presupuestos.

Cuando en la reflexión acerca del conocimiento usamos la palabra dogmatismo nos referimos a la actitud de confianza en las verdades sostenidas, las cuales sirven de fundamento a un sistema de pensamiento, sin pasar por un examen crítico.

 

CRÍTICA.

El conocimiento requiere siempre una crítica, porque las cosas no suelen ser como parecen o como creíamos que eran. Consideramos como tal a la posición reflexiva que examina y evalúa el conocimiento. Se diferencia de la actitud natural o espontánea que todo lo da por obvio, el dogmatismo que, como vimos, considera ciertas afirmaciones como incuestionables y del escepticismo radical desde dónde ningún conocimiento es posible.

Comparte este último el ejercicio de la duda, el examen atento, pero con un fin diferente. Éste es el de lograr un conocimiento racionalmente fundamentado.

Sabemos que en el conocimiento siempre se ponen en juego prejuicios, ideologías y saberes previos, que si no se consideran dirigen el rumbo de lo que queremos saber.

La postura crítica implica, en un primer momento saber acerca de todas las determinaciones que nos afecta cuando queremos conocer. No se trata de creer que con esto lograremos eliminarla defectivamente, pero sí podemos manejarla. En un segundo momento, esta puesta en cuestión de los conocimientos desde una posición crítica nos conduce a la búsqueda de los fundamentos racionales que den cuenta de la verdad o falsedad de lo afirmado.

PARA REFLEXIONAR

1.     ¿Cuál de estas posturas te llama más la atención?

2.     ¿Con cuál te sentís más identificado y por qué?

3.     ¿Qué manifestaciones del escepticismo y del dogmatismo identicás en tu entorno y en tu escuela?

4.     ¿Cuáles son los riesgos de las posiciones escépticas a ultranza y cuáles los de las posiciones exageradamente dogmáticas?

 

 

 

 

 

 

lunes, 13 de junio de 2022

Historias que me cuento. Cortázar

HISTORIAS QUE ME CUENTO.

JULIO CORTÁZAR.


Me cuento historias cuando duermo solo, cuando la cama parece más grande de lo que es y más fría, pero también me las cuento cuando Niágara está ahí y se duerme antes que yo, se enrolla como un caracolito y se duerme entre murmullos complacientes, casi como si también ella se estuviera contando una historia. Más de una vez quisiera despertarla para saber cómo es su historia (solamente murmura ya dormida y eso no es ninguna manera una historia), pero Niágara vuelve siempre tan cansada del trabajo que no sería justo ni hermoso despertarla cuando acaba de dormirse y parece colmada, perdida en su caracolito perfumado y murmurante, de modo que la dejo dormir y me cuento historias, lo mismo que en los días que ella tiene horario nocturno y yo duermo solo en esa bruscamente enorme cama.

Las historias que me cuento son cualquier cosa pero casi siempre conmigo en el papel central, una especie de Walter Mitty porteño que se imagina en situaciones anómalas o estúpidas o de un intenso dramatismo muy trabajado para el que sigue la historia se divierta con el melodrama o la cursilería o el humor que deliberadamente le pone el que la cuenta. Porque Walter Mitty suele tener también su lado de Jekyll y Hyde, desde luego la literatura anglosajona ha hecho estragos en su inconsciente y las historias le nacen casi siempre librescas y como armadas para una imprenta igualmente imaginaria. La sola idea de escribir las historias que me cuento antes de dormirme me parece inconcebible por la mañana, y además un hombre tiene que tener sus lujos secretos, sus callados despilfarros, cosas que otros aprovecharían hasta sus últimas migajas. Y hay también la superstición, desde siempre me he dicho que si pusiera por escrito cualquiera de las historias que me cuento, esa historia sería la última por una razón que se me escapa pero que acaso tiene que ver con nociones de trasgresión o de castigo; entonces no, imposible imaginarse esperando el sueño junto a Niágara o solo pero sin poder contarme una historia, teniendo que imbecilmente numerar corderitos o todavía peor recordar mis jornadas cotidianas tan poco recordables.

Todo depende el humor del momento, porque nunca se me ocurriría elegir un cierto tipo de historia, apenas apago o apagamos la luz y entro en esa segunda y hermosa capa de negrura que me traen los párpados, la historia está ahí, un comienzo casi siempre incitante de la historia, puede ser una calle vacía con un auto que avanza desde muy lejos, o la cara de Marcelo Macías al enterarse de que lo han ascendido, cosa que hasta este momento inconcebible dada su incompetencia, o simplemente una palabra o un sonido que se repiten cinco o diez veces y de los cuales empieza a salir una primera imagen de la historia. A veces me asombra que después de un episodio que podría calificar de burocrático, la noche siguiente la historia sea erótica o deportiva; sin duda soy imaginativo, aunque eso se note solamente antes de dormirme, pero un repertorio tan imprevistamente variable y rico no termina de asombrarme. Dilia, por ejemplo, por qué tenía Dilia que aparecer en esa historia y precisamente en esa historia cuando Dilia no era una mujer que de alguna manera se prestara a una historia semejante; por qué Dilia.

Pero hace mucho que he decidido no preguntarme por qué Dilia o el Transiberiano o Muhammad Alí o cualquiera de los escenarios donde se instalan las historias que me cuento. Si me acuerdo de Dilia en este momento ya fuera de la historia es por otras cosas que también estuvieron y están fuera, por algo que ya no es historia y acaso por eso me obliga a hacer lo que no hubiera querido ni podido hacer con las historias que me cuento. En aquella historia (solo en la cama, Niágara volvería del hospital a las ocho de la mañana) corría un paisaje de montaña y una ruta que daban miedo, que obligaban a manejar con cuidado, los faros barriendo las siempre posibles trampas visuales de cada curva, solo y a medianoche en ese enorme camión de difícil manejo en un camino de cornisa. Ser camionero siempre me ha parecido un trabajo envidiable porque lo imagino como una de las más simples formas de la libertad, ir de un lado a otro en un camión que a la vez es una casa con su colchón para pasar la noche en una ruta arbolada, una lámpara para leer y latas de comida y cerveza, un transistor para escuchar jazz en un silencio perfecto, y además ese sentimiento de saberse ignorado por el resto del mundo, que nadie esté enterado de que hemos tomado esa ruta y no otra, tantas posibilidades y pueblos y aventuras de pasaje, incluso asaltos y accidentes en los que siempre se tiene la mejor parte como cabe a Walter Mitty.

Alguna vez me he preguntado por qué camionero y no piloto de avión o capitán de transatlántico, sabiendo a la vez que responde a un lado simple y a ras de tierra que más y más tengo que esconder de día; ser camionero es la gente que habla con los camioneros, es los lugares por donde se mueve un camionero, de manera que cuando me cuento una historia de libertad es frecuente que empiece en ese camión que recorre la pampa o un paisaje imaginario como el de ahora, los Andes o las Montañas Rocosas, en todo caso una ruta difícil en esa noche por la que yo iba subiendo cuando vi la frágil, rubia silueta de Dilia al pie de las roca violentamente arrancadas de la nada por el haz de los faros, las paredes violáceas que volvían aún más pequeña y abandonada la imagen de Dilia haciéndome el gesto de los que piden ayuda después de haber andado tanto a pie con una mochila en la espalda.

Si ser camionero es una historia que ,me he contado muchas veces, no era forzoso encontrar mujeres pidiéndome que las levantara como lo estaba haciendo Dilia, aunque desde luego también las había puesto que esas historias colmaran casi siempre una fantasía en que la noche, el camión y la soledad eras los accesorios perfectos para una breve felicidad de fin de etapa. A veces no, a veces era solamente una avalancha de la que me escapaba vaya a saber cómo, o los frenos que faltaban en el descenso para que todo terminara en un torbellino de visiones cambiantes que me obligaban a abrir los ojos y negarme a seguir, buscar el sueño o la tibia cintura de Niágara con el alivio de haber escapado a lo peor. Cuando la historia ponía una mujer al borde de la ruta, esa mujer era siempre una desconocida, los caprichos de las historias que optaban por una muchacha pelirroja o una mulata, vistas acaso en una película o una foro de revista olvidadas en la superficie del día hasta que la historia me las traía sin que yo las reconociera. Ver a Dilia fue entonces más que una sorpresa, casi un escándalo porque Dilia no tenía nada que hacer en esa ruta y de ahí sucederían alguna de las muchas cosas que pueden suceder cuando se llega a la llanura y se hace un alto después de la larga tensión del cruce; todo tan claro desde la primera imagen, la cena con otros camioneros en el bodegón del pueblo antes de la montaña , una historia ya nada original pero siempre grata por sus variantes y sus incógnitas, solamente que ahora la incógnita era diferente, era Dilia que de ninguna manera tenía sentido en esa curva de la ruta.

Puede ser que si Niágara hubiera estado ahí murmurando y resoplando dulcemente en su sueño, yo hubiera preferido no levantar a Dilia, borrarla a ella y al camión y a la historia con solamente abrir los ojos y decirle a Niágara: “Es raro, estuve por acostarme con una mujer y era Dilia”, para que tal vez Niágara abriera de una vez los ojos y decirle a Niágara: “Es raro, estuve por acostarme con una mujer y era Dilia”, para oírme decir la verdad o sea que en la perra vida, aunque entonces de nuevo Freud o algo así. Pero sintiéndome tan solo dentro de la historia, tan solo como lo que era, un camionero en pleno cruce de la sierra a medianoche, no fui capaz de pasar de largo : frené despacio, abrí la portezuela y dejé subir a Dilia que murmuró apenas un “gracias” de fatiga y somnolencia y se estiró en el asiento con su saco de viaje a los pies.

Las reglas del juego se cumplen desde el primer momento en las historias que me cuento. Dilia era Dilia pero en la historia yo era un camionero y solamente eso para Dilia, jamás se me hubiera ocurrido preguntarle qué estaba haciendo allí en plena noche o llamarla por su nombre. Pienso en la historia lo excepcional era que esa muchacha contuviera a la persona de Dilia, su lacio pelo rubio, los ojos claros y sus piernas casi convencionalmente evocando las de un potrillito, demasiado largas para su estatura; fuera de eso la historia la trataba como cualquier otra, sin nombre ni relación anterior, perfecto encuentro del azar. Cambiamos dos o tres frases, le pasé un cigarrillo y encendí otro, empezamos a bajar la cuesta como tiene que bajarla un camión pesado, mientras Dilia se estiraba todavía más, fumando desde un abandono y un sopor que la lavaban de tantas horas de marcha y acaso de miedo en la montaña.

Pensé que iba a dormirse enseguida y que era agradable imaginarla así hasta la planicie allá abajo, pensé que acaso hubiera sido amable invitarla a irse al fondo del camión y tirarse en una verdadera cama, pero jamás en una historia las cosas me habían permitido hacer eso porque cualquiera de las muchachas me hubiera mirado con esa expresión entre amarga y desesperada de la que imagina las intenciones inmediatas y busca casi siempre la manija de la portezuela, la fuga necesaria. Tanto en las historias como en la presumible realidad de cualquier camionero no podían pasar así, había que hablar, fumar, hacerse amigos, obtener desde todo eso la aceptación casi siempre silenciosa de un alto en el bosque o un refugio, la aquiescencia para lo que vendría luego pero que ya no era amargura ni cólera, simplemente compartir lo que ya se estaba compartiendo desde la charla, los cigarrillos y la primera botella de cerveza bebida del gollete entre dos virajes.

La dejé dormir, entonces, la historia tenía ese desarrollo que siempre me ha gustado en las historias que me cuento, la descripción minuciosa de cada cosa y de cada acto, una película lentísima para un goce que progresivamente va ascendiendo por el cuerpo y las palabras y los silencios. Todavía me pregunté por qué Dilia esa noche pero casi enseguida dejé de preguntármelo, ahora me parecía tan natural que Dilia estuviera allí entredormida a mi lado, aceptando de vez en cuando un nuevo cigarrillo o murmurando una explicación de por qué ahí en plena montaña, que la historia embrollaba hábilmente entre bostezos y frases rotas puesto que nada hubiera podido explicar que Dilia estuviera ahí en lo más perdido de esa ruta a medianoche. En algún momento dejó de hablar y me miró sonriendo, esa sonrisa de muchacha que Alfonso calificaba de compradora, y yo le di mi nombre de camionero, siempre Oscar en cualquiera de las historias, y ella dijo dilia y agregó como agregaba siempre que era un nombre idiota por culpa de una tía lectora de novelas rosa, y casi increíblemente pensé que no me reconocía, que en la historia yo era Oscar y que ella no me reconocía. 

Después es todo eso que las historias me cuentan pero yo no puedo contar como ellas, solamente fragmentos inciertos, hilaciones acaso falsas, el farol alumbrando la mesita plegadiza en el fondo del camión estacionado entre los árboles de un refugio, el chirrido de los huevos fritos, después del queso y dulce Dilia mirándome como si fuera a decir algo y decidiendo que no diría nada, que no era necesario explicar nada para bajarse del camión y desaparecer bajo lo árboles, yo facilitándole las cosas con el café ya casi listo y hasta una tacita de grapa, los ojos de Dilia que se iban cerrando entre trago y frase, mi descuidada manera de llevar la lámpara hasta el taburete al lado del colchón, agrega una cobija por si más tarde el frío, decirle que me iba adelante a cerrar bien las portezuelas por las dudas, nunca se sabía en esos tramos desiertos y ella bajando los ojos y diciéndo sabés, no te vayas a quedar allí dormida en los asientos, sería idiota, y yo dándole la espalda para que no me viera la cara donde a lo mejor había un vago asombro por lo que me estaba diciendo Dilia aunque desde luego siempre sucedía así de una u otra manera, a veces la indiecita hablaba de dormir en el suelo o la gitana se refugiaba en la cabina y había que tomarla por la cintura y derivarla hasta adentro, llevarla a la cama aunque llorara o se debatiera, pero Dilia no, Dilia lentamente yendo de la mesa hacia la cama con una mano buscando ya el cierre de los jeans, esos gestos que yo podía ver en la historia aunque estuviera de espaldas y entrando en la cabina para darle tiempo, para decirme que sí, que todo sería como tenía que ser una vez más, una secuencia interrumpida y perfumada, el lentísimo traveling desde la silueta inmóvil bajo los faros en el viraje de la montaña hasta Dilia ahora casi invisible bajo las cobijas de lana, y entonces el corte de siempre, apagar la lámpara para que solamente quedara la vaga ceniza de la noche entrando por la mirilla trasera con una que otra queja de pájaro cercano.

Esa vez la historia duró interminablemente porque ni Dilia ni yo queríamos que terminara, hay historias que yo quisiera prolongar pero la chica japonesa o la fría condescendiente turista noruega no la dejan seguir, y a pesar de que soy yo quien decide en la historia llega un momento en que ya no tengo fuerzas ni siquiera ganas de hacer durar algo que después del placer empieza a resbalar a la insignificancia, ahí donde habría que inventar alternativas o inesperados incidentes para que la historia siguiera viva en vez de irme llevando al sueño con un último beso distraído o un resto de llanto casi inútil. Pero Dilia no quería que la historia terminara, desde su primer gesto cuando resbalé junto a ella y en vez de lo esperable la sentí buscándome, desde la primera doble caricia supe que la historia no había hecho más que empezar, que la noche de la historia sería tan larga como la noche en la que yo me estaba contando la historia. Solamente que ahora no queda más que esto, palabras hablando de la historia; palabras como fósforos, gemidos, cigarrillos, risas, súplicas y demandas, café al amanecer y un sueño de aguas pesadas, de relentes y retornos y abandonos, con una primera lengua tímida de sol viniendo desde la mirilla lamer la espalda de Dilia tirada sobre mí, a cegarme mientras la apretaba para sentirla abrirse una vez más entre gritos y caricias.

La historia termina ahí, sin despedidas convencionales en el primer pueblo de la ruta como hubiera sido casi inevitable, de la historia pasé al sueño sin otra cosa que el peso del cuerpo de Dilia durmiéndose a su vez sobre mí después de un último murmullo, cuando desperté Niágara me hablaba de desayuno y de un compromiso que teníamos por la tarde. Sé que estuve a punto de contarle y que algo me tiró hacia atrás, algo que acaso era todavía la mano de Dilia volviéndome a la noche y prohibiendome palabras que todo lo hubiera manchado. Sí, había dormido muy bien; claro a las seis nos encontraríamos en la esquina de la plaza para ir a ver a los Marini.

En esos días supimos por Alfonso que la madre de Dilia estaba muy enferma y que Dilia viajaba a Necochea para acompañarla, Alfonso tenía que ocuparse del bebé que le daba mucho trabajo, a ver si los visitábamos cuando volviera Dilia. La enferma murió unos días después y Dilia no quiso ver a nadie hasta dos meses más tarde; fuimos a cenar llevándoles cognac y un sonajero para el bebé y todo ya estaba bien, Dilia al término de un pato a la naranja y Alfonso con la mesa preparada para jugar a la canasta. la cena resbaló amablemente como debía ser porque Alfonso y Dilia son gente que sabe vivir y empezaron por hablar de lo más penoso, agotar rápido el tema de la madre de Dilia, después fue como tender suavemente un telón para volver al presente inmediato, nuestros juegos de siempre, las claves y los códigos del humor con los que se hacían tan agradable pasar la noche. Ya era tarde y coñac cuando Dilia aludió a un viaje a San Juan, la necesidad de olvidar los últimos días de su madre y los problemas con esos parientes que todo lo complicaban. Me pareció que hablaba para Alfonso, aunque Alfonso ya debía conocer la anécdota porque se sonreía amablemente mientras nos servía otro coñac, el desperfecto del auto en plena sierra, la noche vacía y una interminable espera al borde de la ruta en la que cada pájaro nocturno era una amenaza, retorno inevitable de tanto fantasma de infancia, luces de un camión, el miedo de que también el camionero tuviese miedo y pasara de largo, el enceguecimiento de los faros clavándola contra el acantilado, entonces el maravilloso chirrido de los frenos, la cabina tibia, el descenso entre diálogos apenas necesarios pero que ayudaban tanto a sentirse mejor.

  • Se ha quedado traumatizada -dijo Alfonso-. Ya me lo contaste, querida, cada vez conozco más detalles de ese rescate, de tu San Jorge de overol salvándote del malvado dragón de la noche.

  • No es fácil olvidarlo -dijo Dilia-, es algo que vuelve y vuelve, no se por qué.

Ella quizás no, Dilia quizás no sabía por qué pero yo sí, había tenido que beber el coñac de un sorbo y servirme de nuevo mientras Alfonso alzaba las cejas, sorprendido por una brusquedad que no me conocía. Sus bromas en cambio eran más previsible, decirle a Dilia que se decidiera alguna vez a terminar el cuento, conocía de sobra la primera parte pero seguro que había tenido una segunda, era tan de cajón, tan de camión en la noche, tan de todo lo que es tan en esta vida.

Me fui al baño y me quedé un rato tratando de no mirarme al espejo, de no encontrar también allí y horriblemente eso que yo había sido mientras me contaba la historia y que sentía ahora de nuevo pero aquí, ahora esta noche, eso que empezaba lentamente a ganar mi cuerpo, eso que jamás hubiera imaginado posible a lo largo de tantos años de Dilia y Alfonso, de nuestra doble pareja amiga de fiestas y cines y besos en las mejillas. Ahora era lo otro, era Dilia después, de nuevo el deseo pero de ese lado, la voz de Dilia llegándome desde el salón, las risas de Dilia y de Niágara que debían estar tomándole el pelo a Alfonso por sus celos estereotipados. Ya era tarde, bebimos todavía coñac y nos hicimos un último café, desde arriba llegó el llanto del bebé y Dilia subió corriendo, lo trajo en brazos, se ha mojado todo el muy cochino, lo voy a cambiar en el baño, Alfonso encantado porque eso le daba media hora más para discutir con Niágara de las posibilidades de Vilas frente a Borg, otro cogñac, piba, total ya estamos todos bien curados.

Yo no, me fui al baño para acompañar a Dilia que había puesto a su hijo sobre una mesita y buscaba cosas en un placard. Y era como si de algún modo ella supiera cuando le dije a Dilia, yo conozco esa segunda parte, cuando le dije ya sé que no puede ser pero ya ves, la conozco, y Dilia me volvió la espalda para empezar a desvestir al bebé y la vi inclinarse no solamente para soltarle los alfileres de gancho y quitarle el pañal sino como si de golpe la agobiara un peso del que tenía que librarse, del que ya estaba librándose cuando se volvió mirándome en los ojos y me dijo sí, es cierto, es idiota y no tiene ninguna importancia pero es cierto, me acosté con el camionero, decíselo a alfonso si querés, de todas maneras él está convencido a su manera, no lo cree pero está tan seguro. 

Era así, ni yo diría nada ni ella comprendería por qué me estaba diciendo eso, por qué a mí que no le había preguntado nada y en cambio le había dicho eso que ella no podía comprender de este lado de la historia. Sentí mis ojos como dedos bajando por su boca, su cuello, buscando los senos que la blusa negra dibujaba con mis manos los había dibujado toda esa noche, toda esa historia. El deseo era un salto agazapado, un absoluto derecho a acercarme a buscarle los senos bajo la blusa y envolverla en el primer abrazo. La vi girar, inclinarse otra vez pero ahora liviana, liberada del silencio; ágilmente retiró los pañales, el olor de un bebé que se ha hecho pis y caca me llegó junto a los murmullos de Dilia calmándolo para que no llorara, vi sus manos que buscaban el algodón y lo metían entre las piernas levantadas del bebé, vi sus manos limpiando al bebé en vez de venir a mí como había venido en la oscuridad de ese camión que tantas veces me ha servido en las historias que me cuento.




martes, 3 de mayo de 2022

Sofistas y Sócrates

SOFISTAS

            En el Siglo V a C Atenas es la ciudad griega más importante y la democracia está en pleno auge, destaca la figura de Pericles, hay un gran desarrollo del arte y  en  filosofía tiene lugar un giro humanístico, se pasa de tratar de averiguar el origen de la naturaleza a centrarse en temas propiamente humanos.

Los presocráticos habían ofrecido respuestas diversas sobre el primer principio, origen de nuestro mundo, pero no llegaron a una conclusión definitiva, esto unido a otras causas sociales, hace que la filosofía tome  otros derroteros. En mayor medida por el aumento de participación en política de los ciudadanos atenienses. Al verse más inmiscuidos en política necesitaban saber hablar en público, argumentar, tener conocimientos y adquirir  cultura. Los sofistas cumplirán este cometido.

¿Quiénes eran los sofistas?  Eran profesores itinerantes y asalariados que se dedicaban a dar lecciones públicas en las ciudades, enseñaban areté y eran críticos con la tradición, sobre todo teniendo en cuenta que tenían una visión cosmopolita. Casi todos eran extranjeros y habían viajado mucho. Al enseñar areté lo que estaban defendiendo es el ser maestros de la virtud, y por tanto enseñaban retórica y argumentación, la capacidad para poder hablar bien y saber convencer. Capacidad muy importante a la hora de intervenir en política.

Aunque trataban los mismos temas, Sócrates y Platón tenían tesis opuestas, y contribuyeron a la mala reputación histórica que ha tenido este grupo durante mucho tiempo. La principal controversia consistía en que eran defensores del relativismo: no había ninguna convicción sólida, todo podría contra argumentarse.

Supusieron una revolución, no solo porque iniciaron un giro en la temática filosófica, sino también porque rompieron con la tradición; escandalizaron por recibir un salario y rompieron con el esquema de las clases sociales. Además de su defensa de que las leyes humanas son convencionales y relativas y que solo están sujetas a la utilidad.

Es importante señalar que no eran un grupo compacto de pensadores, eran personalidades independientes y diferentes que cubrieron una necesidad en  la Atenas del Siglo V a C.

 

Protágoras, uno de los más destacados del grupo de los sofistas,  dijo que “el hombre es la medida de todas las cosas”. En tanto que debemos ocuparnos de las cosas que afectan al ser humano, teniendo en cuenta lo que nos interesa, beneficia o perjudica.

Defendía que las leyes eran en realidad un freno para evitar la agresividad propia de los seres humanos, por tanto, no existe una especie de justicia natural común, sino que las leyes son convencionales y deben de adaptarse a cada ciudad concreta, no hay leyes mejores que otras, sino leyes más útiles. Se trata de la defensa del relativismo, en el que no hay un criterio fijo.

Gorgias, más que relativista era un escéptico, porque él no cree que la realidad sea relativa, lo que cree es que no hay realidad. “Nada existe, si existiera no podría ser conocido y si se pudiera conocer no se podría comunicar.” No existe una realidad que todos compartamos, cada uno tiene su propia realidad, aunque realmente existiera no podríamos percibirla como algo común,  y no se podría comunicar porque el lenguaje no manifiesta la realidad, solo usamos palabras para referirnos a nuestra propia realidad.

SÓCRATES.

Defendió la filosofía como actividad, no llegó a fundar ninguna escuela pero siempre habló en lugares públicos y nunca escribió nada. Aunque sus reflexiones eran contrarias a los sofistas, en general, compartía temática con ellos y fue muy crítico con sus ideas, sobre todo porque no podía aceptar de ningún modo el relativismo. Defendía que hay que seguir a la razón, al logos.

Su pensamiento es conocido gracias a varias importantes figuras (Aristófanes, Jenofonte, Platón y Aristóteles) aunque sin duda el mayor homenaje vino de la mano de Platón, su más destacado discípulo, el cual lo convirtió en el personaje principal de todos sus diálogos.

Sócrates estaba dispuesto a morir por sus ideas, y de hecho lo hizo. Fue condenado a muerte y aceptó el juicio emitido por la justicia, porque él sí defendía las leyes   la tradición y creyó que no podía negar lo justo de las leyes porque a él no le gustara la decisión de su condena. A pesar de que quisieron ayudarlo a escapar él se negó y bebió la cicuta llegado el momento.

“Solo sé que no sé nada” rezan sus más famosas palabras, este era el comienzo de su filosofía porque partía de la propia ignorancia para alcanzar la verdad. Esta búsqueda había que hacerla a partir de definiciones; definir conceptos para poder alcanzar la verdad. A este método lo llamó mayéutica. Y se componía de dos fases: una primera, de carácter destructivo en la que se usaba la ironía y una segunda fase, constructiva, en la que se buscaba el verdadero conocimiento. Dicho método se basa en la idea de que los conceptos están en el alma humana porque conocer es recordar. (Teoría de la reminiscencia). ¿Cómo se lleva a cabo este método?

Se plantea una cuestión

-El interlocutor da una respuesta a la cuestión

-Hay una discusión sobre el tema que pone al interlocutor en confusión

-Se intentan acercar a definiciones generales

-El alumno con ayuda del maestro alcanza el conocimiento estricto y universal

Por tanto, el maestro no inculca conocimiento, sino que el discípulo lo extrae. Se basa en el arte de hacer preguntas y se está redirigiendo al alumno hacia las respuestas. De ahí que el método se asimile a una partera que ayuda a dar a luz, aquí el maestro ayuda a parir las ideas. (la madre de Sócrates era partera, de ahí el simil).