martes, 28 de abril de 2026

POLIS. SOFISTAS. SÓCRATES.

 Polis y filosofía




¿Qué es la filosofía? Martin Heidegger dice que tanto la palabra “filosofía” como la pregunta “¿qué es...?” hablan en griego. Cuando dice que hablan en griego, no se refiere a que hayan sido inventadas por las griegos o expresadas en ese idioma, sino que tienen que ver con algo propio de los griegos y que no se puede comprender del todo sin tomar conciencia de lo que los griegos vivían.

Para comprender lo que quiso decir Heidegger, hay que considerar que la filosofía nace ligada a otro invento típicamente griego como es la polis. El término polis no tiene una traducción que sea adecuada. Se lo suele traducir por “ciudad” o por “ciudad-estado”, pero ambas traducciones son inapropiadas por lo siguiente: cuando se traduce por “ciudad” se tiene la idea de un conjunto de edificios, calles, plazas, barrios, avenidas, etc; a diferencia de otros lugares donde no hay edificios como, por ejemplo, el campo. Pero la polis no tiene que ver con la urbe, sino con una forma de vida particular que surgió entre los griegos, alrededor de lo que podríamos llamar la plaza pública o el ágora.
Traducir polis por “ciudad-estado” tampoco es adecuado, porque se entiende por Estado el aparato administrativo, el gobierno de una comunidad. Así entendido, el Estado se contrapone, en general, a la sociedad, que es el conjunto de los hombres que viven en común. La polis no es una forma de gobierno (ha habido diferentes formas de gobierno de la polis), sino que hace referencia a cómo los griegos se organizaron a sí mismos en comunidad. La polis es la forma propia de los griegos de la vida en común. Es una institución inédita en la antigüedad. No existía, antes de los griegos, una forma de vida como la que se desarrolló en las polis.

¿Qué es lo inédito en la polis? Todas las formas de organización de los pueblos anteriores asumían que había alguien que por alguna razón natural o sobrenatural estaba destinado a mandar sobre los demás y era el que tomaba las decisiones y establecía las leyes. En todas las formas anteriores de vida en común, la decisión acerca de qué era lícito y qué no era lícito, qué se podía hacer y qué no, quién vivía y quién moría, estaba en manos de un solo hombre, ya sea el emperador, el rey, el faraón, etc.. El poder se concentraba en uno y los demás se encontraban subordinados a las decisiones de este uno. Los griegos, en cambio, inventaron una institución en la que todos los ciudadanos (politai) participaban en común en las decisiones sobre los problemas comunes. No se trata de discutir acerca de todos los problemas: por ejemplo, si alguien quiere comprar un par de zapatos más caros o más baratos o si trata bien o mal a mis hijos o si tiene una situación próspera o se encuentra en la miseria; ello sólo incumbe a él y a su familia o a grupo de pertenencia, pero no es algo común a todos los ciudadanos. Pero si el gobierno oprime a los ciudadanos o si atacan los persas o si la sequía ha hecho que se pierdan las cosechas, no son problemas de un ciudadano o de una familia o de un barrio, porque los que viven en el centro como los que viven en la periferia tienen el mismo problema si el gobierno no respeta las libertades o si invaden los persas o si no hay alimentos suficientes.
Los problemas que son comunes a todos requieren ser discutidos y resueltos en común. La forma de resolver este tipo de problemas que los griegos inventaron, es abrir un ámbito, un lugar, donde cada uno pueda plantear libremente los proyectos de solución para que, después de deliberar en común, todos los ciudadanos puedan resolver lo que se va a hacer. Por supuesto, para que esto pueda llevarse a cabo, son necesarias varias condiciones. La primera de ellas es que se haya renunciado a tomar decisiones por medio de la violencia. Si se creyese que el que tiene más fuerza es el que tiene el derecho a decidir en última instancia, entonces, siempre los que estén en una posición de debilidad, estarán excluidos de la decisión. En definitiva, las cuestiones se definirían de la misma manera que en culturas anteriores: arbitrariamente. La primera condición para que este sistema funcione, entonces, es que se haya renunciado a hacer la voluntad a través de la fuerza, de la violencia.
Una segunda condición es que los proyectos y los planteos que cada uno haga, sean mediatizados por la palabra. Esta es la razón por la cual, en la Antigua Grecia, la palabra y la deliberación empiezan a tener un papel preponderante en la organización de una comunidad. Anteriormente, sólo tenía relevancia la palabra de Dios o la palabra del Rey. Era una palabra que mandaba, que daba órdenes y que reclamaba obediencia incondicional. Pero, con los griegos, no basta con obedecer las órdenes que se imparten, sino que además hay que encontrar una forma por la cual la mejor solución sea la que todos acepten y obedezcan, y para esto es necesario dar argumentos, es decir, poder fundamentar lo que se dice. Si alguien cree que sabe lo que hay que hacer ante un problema determinado, tiene que dar algún tipo de argumentos para mostrar que esa solución es mejor que la que propone otro.
La preeminencia de la palabra, que comienza a aparecer como una condición de la vida en la polis, implica también un cierto ordenamiento o jerarquización de las palabras y esto es lo que podemos llamar la “lógica argumentativa”. Este tipo de resolución de problemas a través del diálogo, de la discusión o de la argumentación se vincula directamente con la filosofía.
La filosofía es, en alguna medida, una especie de ordenamiento, de sistematización de estos procedimientos, de estos métodos, por los cuales se busca la verdad. Se trata de una verdad que no está inmediatamente ligada al poder, que no depende del poder, como era en todas las concepciones antiguas, anteriores a la de los griegos, en las cuales el lugar del poder y el de la verdad coincidían. A veces, estos lugares aparecen poco diferenciados, como cuando al lado del rey está el brujo, el sacerdote, el mago o algún otro personaje que encarna el “saber”. En esos ejemplos, el poder y el saber aparecen personalizados en dos individuos distintos. De todas maneras el saber es como una función del que detenta el poder. El sabio solamente presta su palabra y da sus consejos, pero el que toma las decisiones en definitiva es el rey.
En la polis, el ámbito del poder y del saber se disocian, es decir que aunque alguien no tenga mayor fuerza o poder que otros, sin embargo, puede volcar la decisión del conjunto a su favor, si su propuesta es mejor, si la puede justificar de la mejor manera o si puede convencer al conjunto. Es decir que, desde el comienzo, la filosofía aparece vinculada a esta forma de organización de la comunidad, que podemos llamar “democrática”, entendiendo por tal cuando el conjunto participa en la toma de decisiones de lo que es común a todos ellos. No hay que confundir este significado con el de la democracia moderna, representativa, con parlamento, partidos políticos, etc. A diferencia de la democracia moderna, la organización de la polis griega requiere una participación directa. No hay representantes sino que cada uno de los ciudadanos ocupa su lugar, tiene su p Esta forma de organización de la vida que inventaron los griegos hace posible la autonomía en las decisiones. “Autónomo” es el que se da las leyes a sí mismo, el que no depende de las órdenes de otro, el que no depende de la decisión que toma el otro, sino que hace lo que decide por sí, conjuntamente con otros. Por esta razón, tanto la polis como la filosofía son muy recelosas de la autonomía y la valoran por sobre todas las cosas. De manera tal que toda actividad que no sea autónoma, que sea una actividad dependiente, subordinada, es algo despreciable. Si alguien realiza alguna cosa que “sirve para” tal otra, lo que tiene valor es esa otra cosa para la cual se está haciendo la actividad, no la actividad misma. Entonces, una actividad que está en función de otra cosa, una actividad que “sirve para”, por definición, no es valiosa en sí misma, porque no es autónoma, no vale por sí misma, vale por la otra hacia la que se dirige y de la cual depende. En la cultura actual suele preponderar la valoración inversa: lo que “vale” es aquello “que sirve”, a tal punto que resulta difícil encontrar ejemplos de actividades que valgan por sí mismas.
Estos rasgos que se han señalado como característicos de las polis griegas, se han obtenido destacando las semejanzas y prescindiendo de las diferencias históricas concretas, es decir, por abstracción. Las instituciones concretas evolucionan a través de los siglos, transitando por situaciones diversas: no son iguales al comienzo, en el curso de su desarrollo histórico o al final. La polis real fue pasando por diferentes grados y formas de participación, más o menos populares, más o menos violentas. Si se hace abstracción de los momentos particulares del desarrollo histórico de la polis, puede decirse que participaban todas las clases sociales. Por otro lado, no hay que olvidar que los ciudadanos participantes en las decisiones comunes no son todos los habitantes sino sólo los varones nativos mayores de edad.
Cada polis es autónoma con respecto a las otras. La polis es una institución local, está circunscripta a un lugar, a diferencia de una nación o un imperio que integra distintas regiones, lugares u organizaciones. La polis es una organización local, en la que sólo tienen participación los que han nacido en ese lugar. Los extranjeros, si son nativos de otra polis, tienen derecho a hablar pero no a decidir, no votan. Los niños, las mujeres y los esclavos no participaban de la asamblea ni podían hablar en ella. No eran considerados ciudadanos. En consecuencia, los “ciudadanos” eran solamente los varones nativos adultos (los que han pasado la adolescencia, los que pueden procrear y combatir).
Un primer rasgo que hay que tener en cuenta, entonces, es esta vinculación esencial entre el nacimiento de la filosofía, entendida como la exigencia de argumentar con razones y de deliberar en común y este funcionamiento de la institución de la polis: la resolución de los problemas comunes en común.

SOFISTAS



            En el Siglo V a C Atenas es la ciudad griega más importante y la democracia está en pleno auge, destaca la figura de Pericles, hay un gran desarrollo del arte y  en  filosofía tiene lugar un giro humanístico, se pasa de tratar de averiguar el origen de la naturaleza a centrarse en temas propiamente humanos.

Los presocráticos habían ofrecido respuestas diversas sobre el primer principio, origen de nuestro mundo, pero no llegaron a una conclusión definitiva, esto unido a otras causas sociales, hace que la filosofía tome  otros derroteros. En mayor medida por el aumento de participación en política de los ciudadanos atenienses. Al verse más inmiscuidos en política necesitaban saber hablar en público, argumentar, tener conocimientos y adquirir  cultura. Los sofistas cumplirán este cometido.

¿Quiénes eran los sofistas?  Eran profesores itinerantes y asalariados que se dedicaban a dar lecciones públicas en las ciudades, enseñaban areté y eran críticos con la tradición, sobre todo teniendo en cuenta que tenían una visión cosmopolita. Casi todos eran extranjeros y habían viajado mucho. Al enseñar areté lo que estaban defendiendo es el ser maestros de la virtud, y por tanto enseñaban retórica y argumentación, la capacidad para poder hablar bien y saber convencer. Capacidad muy importante a la hora de intervenir en política.

Aunque trataban los mismos temas, Sócrates y Platón tenían tesis opuestas, y contribuyeron a la mala reputación histórica que ha tenido este grupo durante mucho tiempo. La principal controversia consistía en que eran defensores del relativismo: no había ninguna convicción sólida, todo podría contra argumentarse.

Supusieron una revolución, no solo porque iniciaron un giro en la temática filosófica, sino también porque rompieron con la tradición; escandalizaron por recibir un salario y rompieron con el esquema de las clases sociales. Además de su defensa de que las leyes humanas son convencionales y relativas y que solo están sujetas a la utilidad.

Es importante señalar que no eran un grupo compacto de pensadores, eran personalidades independientes y diferentes que cubrieron una necesidad en  la Atenas del Siglo V a C.

 

Protágoras, uno de los más destacados del grupo de los sofistas,  dijo que “el hombre es la medida de todas las cosas”. En tanto que debemos ocuparnos de las cosas que afectan al ser humano, teniendo en cuenta lo que nos interesa, beneficia o perjudica.

Defendía que las leyes eran en realidad un freno para evitar la agresividad propia de los seres humanos, por tanto, no existe una especie de justicia natural común, sino que las leyes son convencionales y deben de adaptarse a cada ciudad concreta, no hay leyes mejores que otras, sino leyes más útiles. Se trata de la defensa del relativismo, en el que no hay un criterio fijo.


Gorgias, más que relativista era un escéptico, porque él no cree que la realidad sea relativa, lo que cree es que no hay realidad. “Nada existe, si existiera no podría ser conocido y si se pudiera conocer no se podría comunicar.” No existe una realidad que todos compartamos, cada uno tiene su propia realidad, aunque realmente existiera no podríamos percibirla como algo común,  y no se podría comunicar porque el lenguaje no manifiesta la realidad, solo usamos palabras para referirnos a nuestra propia realidad.

SÓCRATES.


Defendió la filosofía como actividad, no llegó a fundar ninguna escuela pero siempre habló en lugares públicos y nunca escribió nada. Aunque sus reflexiones eran contrarias a los sofistas, en general, compartía temática con ellos y fue muy crítico con sus ideas, sobre todo porque no podía aceptar de ningún modo el relativismo. Defendía que hay que seguir a la razón, al logos.

Su pensamiento es conocido gracias a varias importantes figuras (Aristófanes, Jenofonte, Platón y Aristóteles) aunque sin duda el mayor homenaje vino de la mano de Platón, su más destacado discípulo, el cual lo convirtió en el personaje principal de todos sus diálogos.

Sócrates estaba dispuesto a morir por sus ideas, y de hecho lo hizo. Fue condenado a muerte y aceptó el juicio emitido por la justicia, porque él sí defendía las leyes   la tradición y creyó que no podía negar lo justo de las leyes porque a él no le gustara la decisión de su condena. A pesar de que quisieron ayudarlo a escapar él se negó y bebió la cicuta llegado el momento.

“Solo sé que no sé nada” rezan sus más famosas palabras, este era el comienzo de su filosofía porque partía de la propia ignorancia para alcanzar la verdad. Esta búsqueda había que hacerla a partir de definiciones; definir conceptos para poder alcanzar la verdad. A este método lo llamó mayéutica. Y se componía de dos fases: una primera, de carácter destructivo en la que se usaba la ironía y una segunda fase, constructiva, en la que se buscaba el verdadero conocimiento. Dicho método se basa en la idea de que los conceptos están en el alma humana porque conocer es recordar. (Teoría de la reminiscencia). ¿Cómo se lleva a cabo este método?

Se plantea una cuestión

-El interlocutor da una respuesta a la cuestión

-Hay una discusión sobre el tema que pone al interlocutor en confusión

-Se intentan acercar a definiciones generales

-El alumno con ayuda del maestro alcanza el conocimiento estricto y universal

Por tanto, el maestro no inculca conocimiento, sino que el discípulo lo extrae. Se basa en el arte de hacer preguntas y se está redirigiendo al alumno hacia las respuestas. De ahí que el método se asimile a una partera que ayuda a dar a luz, aquí el maestro ayuda a parir las ideas. (la madre de Sócrates era partera, de ahí el simil).




PARA PENSAR

1. ¿Qué quiere decir que el término “filosofía” habla en griego?
2. ¿Cuáles son las condiciones que hacen posible el funcionamiento de la polis?
3. ¿Por qué la autonomía y la libertad son valores fundamentales para la polis y para la filosofía?
4. ¿Qué relación hay entre la “razón”, la polis y la filosofía?
5. ¿Qué relación podés establecer entre la polis y los Sofistas?
6. ¿Qué fue lo "revolucionario" en los Sofistas?
7. ¿Qué significa en el contexto de la filosofía de Sócrates la frase "solo se que no se nada"?
8. ¿Cuál es la importancia de la mayéutica en el método socrático?


martes, 14 de abril de 2026

BREVE HISTORIA DE LA FILOSOFIA




NACIMIENTO DE LA FILOSOFÍA.
 La filosofía comienza en la Grecia antigua, en el Asia Menor, alrededor del s. VII a.C. Allí se establecieron los jonios, uno de los primeros pueblos de habla griega. La situación económica era muy próspera agrícola y comercialmente. Se fundaron grandes ciudades entre las cuales Éfeso y Mileto eran las más célebres. Estas circunstancias fueron las óptimas para el surgimiento de la cultura artística, literaria y de lo que hoy llamamos filosofía, Las especulaciones de los primeros filósofos se inician en tono de la búsqueda de respuestas orientadas a conocer la naturaleza. Es el asombro frente a la generación y corrupción de los organismos vivos, los cambios cíclicos, la regularidad del movimiento de los astros, etc, Trataban de dar respuesta al fundamento, el arjé de todo lo que es real. Si bien la pregunta no era nueva, la forma de responderla sin recurrir a dioses o musas inspiradoras es lo que la hace distinta. Además no apelaban a ninguna tradición, ni a ningún relato de los orígenes. Esta nueva forma también reemplazó la forma de verso por la prosa. Por ocuparse de la naturaleza o physis también fueron llamados fisiólogos. La physis es la fuente originaria de la que las cosas brotan y el arjé u origen, es la fuerza divina de la naturaleza.

 PRIMEROS FILÓSOFOS. Tales de Mileto: fue el primero en plantear el problema de la physis. Señaló que el arjé era el agua, en el sentido de que lo húmedo hace posible brotar todas las cosas. Anaximandro: fue discípulo de Tales. Concibió lo ilimitado como el origen de las cosas. El Apeiron palabra griega que indica lo ilimitado, lo infinito. Pitágoras de Samos: sostuvo que el principio de todo era el número y, para comprender el mundo, había que encontrar el número, la proporción que lo expresara. La organización del cosmos estaría determinada según un orden y una proporcionalidad matemática. Demócrito de Abdera: planteó que el universo estaba compuesto de átomos y vacío. Los átomos eran infinitos, eternos, perfectos e incapaces de cambiar, pero diferían en tamaño y figura. El vacío era infinito en extensión y en él lo átomos se agrupaban, se separaban, se volvían a agrupar, según leyes determinadas de movimiento. Todas las cosas eran agrupamiento de átomos. Heráclito y Parménides: fueron los pensadores con mayor influencia posterior. Para Heráclito el principio de todas las cosas era el fuego, a quien identifica con el logos, que a partir de su pensamiento se convertirá en una de las palabras más importantes de la filosofía. Logos es el principio unificador de todas las cosas, las cuales se encuentran en constante devenir. Parménides fue el primero en afirmar al unidad entre ser y pensar.

 FILOSOFÍA HELENÍSTICA. Las transformaciones políticas y culturales que aparejó el imperio de Alejandro Magno, significó el fin de la polis como centro de vida del pueblo griego, así como también la extensión de la cultura griega a los distintos pueblos conquistados antes considerados bárbaros. Atenas fue perdiendo su brillo frente al surgimiento de otros centros culturales, entre los que se destaca la ciudad de Alejandría, famosa por su cuantiosa biblioteca, reservorio del saber de la humanidad para los siglos venideros. A ese período se lo llamó época helenística. -El epicureísmo: surgió en Atenas a fines del s. IV. Epicuro fundó el Jardín en las afueras de Atenas. Podemos decir que el epicureísmo se centra principalmente en problemas de filosofía práctica. Para Epicuro el bien consiste en el placer como ausencia del dolor corporal y ausencia de inquietud del alma. No se trata del placer como desenfreno o descontrol, se trata más bien de centrar el deseo en lo que es necesario para la vida y prescindir de todo lo que es superfluo. El hombre aspira a la felicidad y esta consiste en la ausencia de perturbación. Para esto no necesita de la vida institucional, ni de los títulos, ni de riquezas porque estos crean dependencia y por consiguiente infelicidad. Lograr la autarquía es para el hombre su mayor felicidad. -El estoicismo: fue creada por Zenón de Citio en la isla de Chipre. Para los estoicos el placer no es el fin de la vida del hombre sino a lo sumo una consecuencia. Vivir para el hombre es apropiarse del ser y de todo lo que sea apropiado para conservarlo. El hombre es un ser racional y vivir acorde con su naturaleza, consiste en vivir con mesura conciliándose con la razón. La naturaleza racional del hombre conduce a la virtud. El hombre virtuoso se repliega sobre sí mismo, se identifica con la razón y por ello es indiferente al placer, al dolor, a los reclamos de sus tendencias y de sus pasiones. Solo el hombre virtuoso es sabio y sólo el sabio es verdaderamente libre.

FILOSOFÍA EN LA EDAD MEDIA. Se denomina filosofía medieval a la filosofía dada en Europa y el Oriente Medio durante el período conocido como Edad Media, periodo que se extiende desde la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V hasta la caída del Imperio Romano de Oriente en 1453. Los problemas fundamentales discutidos durante este periodo fueron la relación entre la fe y la razón, la naturaleza y existencia de Dios, los límites del conocimiento y la libertad en el hombre, la naturaleza de los universales y la individuación de las sustancias divisibles e indivisibles. La patrística es la fase en la historia de la organización y la teología cristiana que abarca desde el fin del cristianismo primitivo, con la consolidación del canon neotestamentario, hasta alrededor del siglo VIII. Además de la elucidación progresiva del dogma cristiano, la patrística se ocupó sobre todo de la apología o defensa del cristianismo frente a las religiones paganas primero y las sucesivas interpretaciones heterodoxas que darían lugar a las herejías luego.Su nombre deriva de los padres de la Iglesia, los teólogos cuya interpretación dominaría la historia del dogma. La influencia apologética se debió entre otras cosas al ataque hostil, y por penetrar en los datos de la revelación, el de formarse una imagen totalizadora del mundo y de la vida humana a la luz de la fe. El progreso de lo implícito a lo explícito fue un progreso en la ciencia teológica; en el proceso de argumentación y definición se emplearon conceptos y categorías tomados de la filosofía. La filosofía imperante era el platonismo, neoplatonismo (con toque estoico).Los escritores cristianos no hicieron distinción entre filosofía y teología. Estos mostraron una divergencia de actitud ante la filosofía clásica: como enemiga o como utilidad

 FILOSOFÍA EN LA MODERNIDAD.. La razón comenzará a expandirse por todas las esferas de la experiencia humana buscando en convertirse en el fundamento último de la verdad. Se aplicará al movimiento de la naturaleza, a la historia, al arte, a la moral y desde ella se criticará la superstición incubada a menudo en las creencias religiosas. El proyecto de la modernidad fue la intención de habitar racionalmente el mundo, es decir, poner a la razón como fundamento del conocimiento y la acción. Sólo un mundo en donde gobierne la razón los hombres pueden vivir en libertad. Resumiendo: 1. Cada hombre es libre en tanto es capaz de pensar y actuar según principios racionales. 2. Hay supremacía del sujeto frente a la naturaleza. 3. Se separan los distintos ámbitos de cultura (ciencia, arte, ética) cada uno con su propio objeto de estudio. 4. Crítica a los fundamentos de la religión y de las bases irracionales de nuestras acciones y pensamientos. FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA A partir del s xx se empieza a hablar de posmodernidad. Sería una época que ya no estaría comprendida dentro del proyecto moderno y, más aún, que gran parte sería consecuencia de su fracaso (1° y 2° guerra mundial, revolución rusa, aparición del psicoanálisis y por consiguiente del inconsciente humano). Se caracteriza por un profundo escepticismo que ve caer las grandes utopías y relatos históricos. Lleva a la crítica de las instituciones modernas y deja al individuo librado a su propia y solitaria libertad. Los principales aportes vinieron dados por la fenomenología, hermenéutica, existencialismo, estructuralismo, post estructuralismos, etc. solo por nombrar algunas escuelas.

 PARA PENSAR 
1. ¿cuál era la preocupación de los primeros filósofos? 
2. ¿qué es physis y que es arjé? 
3. Leer y analizar el siguiente texto de Aristóteles: “Debe haber pues, alguna naturaleza, única y múltiple, a partir de la cual se generan las demás cosas, conservándose ella siempre. No todos dicen lo mismo sobre el número y la especie de ese principio sino que Tales, que inició esta clase de filosofía, sostiene que es el agua (y en consecuencia también la tierra, que parece encontrarse sobre el agua) elaborando quizás esta concepción al observar que todas las cosas tienen un alimento húmedo y que el calor se produce y se mantiene en la humedad.” 
4. Poema babilonio de la creación. (Enuma Elish) 

Cuando en lo alto de los cielos no habían sido nombrados todavía, Cuando abajo la tierra no tenía nombre, 
Cuando el primordial Apsu, los engendró
Cuando Mammu, cuando Tiamat, madre de todos ellos
Confundían sus aguas…

 Himno de la creación (Rig Veda) 

 En el comienzo sólo existía
 Tiniebla envuelta en tiniebla.
 Todo era agua indiferenciada.
 Principio de devenir
 Rodeado por el vacío,
 El Uno surgió, por el poder de su propio ardor interno.

 a) ¿En qué sentido se habla acerca del agua en estos poemas? 
b) ¿Qué diferencia podemos establecer con el texto del punto 3? 

 5. Leer la “Carta a Meneceo” de Epicuro y responder: 
a) ¿Cuáles son las principales causas que llevan al sufrimiento? ¿Qué propone Epicuro para contrarrestarlo? 
b) ¿Cómo entiendo Epicuro el placer y la felicidad?
 c) ¿A qué edad se debe filosofar y por qué? 
d) ¿Qué respondería Epicuro a este razonamiento? “El consumo ha cambiado la vida de la gente, por ejemplo acá en estos barrios la gente va y puede consumir lo que puede, desde un producto barato hasta uno más caro. Yo siempre digo que la gente cuando consume es feliz, el niño que se compra un helado o que se va a comprar una pelota, o el chico que se compró un calzado, o los amigos que se van a comprar una cerveza o las amigas que se van a tomar el té. Cuando termina ese momento son felices, la familia cuando ahorra y se va a comprar un auto, ni hablar de una casa, es un logro en la vida” 

Carta a Meneceo 

 Epicuro a Meneceo, salud. 

 Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven. Quien afirma que aún no le ha llegado la hora o que ya le pasó la edad, es como si dijera que para la felicidad no le ha llegado aún el momento, o que ya lo dejó atrás. Así pues, practiquen la filosofía tanto el joven como el viejo; uno, para que aún envejeciendo, pueda mantenerse joven en su felicidad gracias a los recuerdos del pasado; el otro, para que pueda ser joven y viejo a la vez mostrando su serenidad frente al porvenir. Debemos meditar, por tanto, sobre las cosas que nos reportan felicidad, porque, si disfrutamos de ella, lo poseemos todo y, si nos falta, hacemos todo lo posible para obtenerla. Los principios que siempre te he ido repitiendo, practícalos y medítalos aceptándolos como máximas necesarias para llevar una vida feliz. Considera, ante todo, a la divinidad como un ser incorruptible y dichoso -tal como lo sugiere la noción común- y no le atribuyas nunca nada contrario a su inmortalidad, ni discordante con su felicidad. Piensa como verdaderos todos aquellos atributos que contribuyan a salvaguardar su inmortalidad. Porque los dioses existen: el conocimiento que de ellos tenemos es evidente, pero no son como la mayoría de la gente cree, que les confiere atributos discordantes con la noción que de ellos posee. Por tanto, impío no es quien reniega de los dioses de la multitud, sino quien aplica las opiniones de la multitud a los dioses, ya que no son intuiciones, sino presunciones vanas, las razones de la gente al referirse a los dioses, según las cuales los mayores males y los mayores bienes nos llegan gracias a ellos, porque éstos, entregados continuamente a sus propias virtudes, acogen a sus semejantes, pero consideran extraño a todo lo que les es diferente. Acostúmbrate a pensar que la muerte para nosotros no es nada, porque todo el bien y todo el mal residen en las sensaciones, y precisamente la muerte consiste en estar privado de sensación. Por tanto, la recta convicción de que la muerte no es nada para nosotros nos hace agradable la mortalidad de la vida; no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque nos priva de un afán desmesurado de inmortalidad. Nada hay que cause temor en la vida para quien está convencido de que el no vivir no guarda tampoco nada temible. Es estúpido quien confiese temer la muerte no por el dolor que pueda causarle en el momento en que se presente, sino porque, pensando en ella, siente dolor: porque aquello cuya presencia no nos perturba, no es sensato que nos angustie durante su espera. El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente nosotros no existimos. Así pues, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando se acerca a los segundos, éstos han desaparecido ya. A pesar de ello, la mayoría de la gente unas veces rehuye la muerte viéndola como el mayor de los males, y otras la invoca para remedio de las desgracias de esta vida. El sabio, por su parte, ni desea la vida ni rehuye el dejarla, porque para él el vivir no es un mal, ni considera que lo sea la muerte. Y así como de entre los alimentos no escoge los más abundantes, sino los más agradables, del mismo modo disfruta no del tiempo más largo, sino del más intenso placer. 2 El que exhorta al joven a una buena vida y al viejo a una buena muerte es un insensato, no sólo por las cosas agradables que la vida comporta, sino porque la meditación y el arte de vivir y de morir bien son una misma cosa. Y aún es peor quien dice: bello es no haber nacido pero, puesto que nacimos, cruzar cuanto antes las puertas del Hades Si lo dice de corazón, ¿por qué no abandona la vida? Está en su derecho, si lo ha meditado bien. Por el contrario, si se trata de una broma, se muestra frívolo en asuntos que no lo requieren. Recordemos también que el futuro no es nuestro, pero tampoco puede decirse que no nos pertenezca del todo. Por lo tanto no hemos de esperarlo como si tuviera que cumplirse con certeza, ni tenemos que desesperarnos como si nunca fuera a realizarse. Del mismo modo hay que saber que, de los deseos, unos son necesarios, los otros vanos, y entre los naturales hay algunos que son necesarios y otros tan sólo naturales. De los necesarios, unos son indispensables para conseguir la felicidad; otros, para el bienestar del cuerpo; otros, para la propia vida. De modo que, si los conocemos bien, sabremos relacionar cada elección o cada negativa con la salud del cuerpo o la tranquilidad del alma, ya que éste es el objetivo de una vida feliz, y con vistas a él realizamos todos nuestros actos, para no sufrir ni sentir turbación. Tan pronto como lo alcanzamos, cualquier tempestad del alma se serena, y al hombre ya no le queda más que desear ni busca otra cosa para colmar el bien del alma y del cuerpo. Pues el placer lo necesitamos cuando su ausencia nos causa dolor, pero, cuando no experimentamos dolor, tampoco sentimos necesidad de placer. Por este motivo afirmamos que el placer es el principio y fin de una vida feliz, porque lo hemos reconocido como un bien primero y congénito, a partir del cual iniciamos cualquier elección o aversión y a él nos referimos al juzgar los bienes según la norma del placer y del dolor. Y, puesto que éste es el bien primero y connatural, por ese motivo no elegimos todos los placeres, sino que en ocasiones renunciamos a muchos cuando de ellos se sigue un trastorno aún mayor. Y muchos dolores los consideramos preferibles a los placeres si obtenemos un mayor placer cuanto más tiempo hayamos soportado el dolor. Cada placer, por su propia naturaleza, es un bien, pero no hay que elegirlos todos. De modo similar, todo dolor es un mal, pero no siempre hay que rehuir del dolor. Según las ganancias y los perjuicios hay que juzgar sobre el placer y el dolor, porque algunas veces el bien se torna en mal, y otras veces el mal es un bien. La autarquía la tenemos por un gran bien, no porque debamos siempre conformarnos con poco, sino para que, si no tenemos mucho, con este poco nos baste, pues estamos convencidos de que de la abundancia gozan con mayor dulzura aquellos que mínimamente la necesitan, y que todo lo que la naturaleza reclama es fácil de obtener, y difícil lo que representa un capricho. Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que los exquisitos, cuando satisfacen el dolor que su falta nos causa, y el pan y el agua son motivo del mayor placer cuando de ellos se alimenta quien tiene necesidad. 3 Estar acostumbrado a una comida frugal y sin complicaciones es saludable, y ayuda a que el hombre sea diligente en las ocupaciones de la vida; y, si de modo intermitente participamos de una vida más lujosa, nuestra disposición frente a esta clase de vida es mejor y nos mostramos menos temerosos respecto a la suerte. Cuando decimos que el placer es la única finalidad, no nos referimos a los placeres de los disolutos y crápulas, como afirman algunos que desconocen nuestra doctrina o no están de acuerdo con ella o la interpretan mal, sino al hecho de no sentir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma. Pues ni los banquetes ni los festejos continuados, ni el gozar con jovencitos y mujeres, ni los pescados ni otros manjares que ofrecen las mesas bien servidas nos hacen la vida agradable, sino el juicio certero que examina las causas de cada acto de elección y aversión y sabe guiar nuestras opiniones lejos de aquellas que llenan el alma de inquietud. El principio de todo esto y el bien máximo es el juicio, y por ello el juicio -de donde se originan las restantes virtudes- es más valioso que la propia filosofía, y nos enseña que no existe una vida feliz sin que sea al mismo tiempo juiciosa, bella y justa, ni es posible vivir con prudencia, belleza y justicia sin ser feliz. Pues las virtudes son connaturales a una vida feliz, y el vivir felizmente se acompaña siempre de virtud. Porque, ¿A qué hombre considerarías superior a aquel que guarda opiniones piadosas respecto a los dioses, se muestra tranquilo frente a la muerte, sabe qué es el bien de acuerdo con la naturaleza, tiene clara conciencia de que el límite de los bienes es fácil de alcanzar y el límite de los males, por el contrario, dura poco tiempo, y comporta algunas penas; que se burla del destino, considerado por algunos señor absoluto de todas las cosas, afirmando que algunas suceden por necesidad, otras casualmente; otras, en fin, dependen de nosotros, porque se da cuenta de que la necesidad es irresponsable, el azar inestable, y, en cambio, nuestra voluntad es libre, y, por ello, digna de merecer repulsa o alabanza? Casi era mejor creer en los mitos sobre los dioses que ser esclavo de la predestinación de los físicos; porque aquéllos nos ofrecían la esperanza de llegar a conmover a los dioses con nuestras ofrendas; y el destino, en cambio, es implacable. Y el sabio no considera la fortuna como una divinidad -tal como la mayoría de la gente cree- , pues ninguna de las acciones de los dioses carece de armonía, ni tampoco como una causa no fundada en la realidad, ni cree que aporte a los hombres ningún bien ni ningún mal relacionado con su vida feliz, sino solamente que la fortuna es el origen de grandes bienes y de grandes calamidades. El sabio cree que es mejor guardar la sensatez y ser desafortunado que tener fortuna con insensatez. Lo preferible, ciertamente, en nuestras acciones, es que el buen juicio prevalezca con la ayuda de la suerte. Estos consejos, y otros similares medítalos noche y día en tu interior y en compañía de alguien que sea como tú, y así nunca, ni estando despierto ni en sueños, sentirás turbación, sino que, por el contrario, vivirás como un dios entre los hombres. Pues en nada se parece a un mortal el hombre que vive entre bienes imperecederos.

domingo, 5 de abril de 2026

QUÉ NOS HACE HUMANOS.

 Leeremos extractos de tres libros:

  • El infinito en un junco, Irene Vallejos.
  • Nexus, Yuval Noah Harari.
  • De animales a hombre, Yuval Noah Harari.

DE ANIMALES A HOMBRES.


Línea Temporal Clave de "De animales a dioses"
  • Hace 13.500 millones de años: El Big Bang. Inicio de la Física.
  • Hace 3.800 millones de años: Aparición de los organismos. Inicio de la Biología.
  • Hace 6 millones de años: Última abuela común de humanos y chimpancés.
  • Hace 2,5 millones de años: Evolución de los primeros humanos en África (Homo habilis).
  • Hace 300.000 años: Los humanos se extienden de África a Eurasia. Homo sapiens evoluciona en África oriental.
  • Hace 70.000 años: Revolución Cognitiva. Aparición del lenguaje ficticio, capacidad de cooperar en grandes grupos y expansión del Sapiens.
  • Hace 45.000 años: Sapiens coloniza Australia; extinción de la megafauna australiana.
  • Hace 30.000 años: Extinción de los neandertales.
  • Hace 16.000 años: Sapiens coloniza América.
  • Hace 12.000 años: Revolución Agrícola. Domesticación de plantas y animales, sedentarismo y auge de la propiedad.
  • Hace 5.000 años: Primeros reinos, escritura y dinero.
  • Hace 2.500 años: Invención de la moneda universal. Imperio persa y budismo.
  • Hace 500 años: Revolución Científica. La humanidad admite su ignorancia y adquiere un poder sin precedentes.
  • Hace 200 años: Revolución Industrial; el capitalismo y la automatización redefinen la sociedad.
  • Hoy: Sapiens pasa de ser un animal a un "dios" capaz de la ingeniería genética y la inmortalidad.



" (...) en comparación con otros animales, los humanos nacen prematuramente, cuando muchos de sus sistemas vitales están todavía subdesarrollados. (...) Los bebes humanos son desvalidos, dependendientes durante muchos años para su sustento, protección y educación.
Este hecho a contribuido enormemente tanto a las extraordinarias capacidades sociales de la humanidad como a sus problemas sociales únicos. Las madres solitarias apenas podían conseguir suficiente comida para su prole y para ellas al llevar consigo niños necesitados. Criar a los niños requería la ayuda constante de otros miembros de la familia y vecinos. Para criar a un humano hace falta una tribu. Así, la evolución favoreció a los que eran capaces de crear lazos sociales fuertes. Además, y puesto que los humanos nacen subdesarrollados, pueden ser educados y socializados en una medida mucho mayor que cualquier otro animal. (...) Esta es la razón por la que en la actualidad podemos educar a nuestros hijos para que se conviertan en cristiano o budistas, capitalistas o socialistas, belicosos o pacifistas."

"¿qué es lo que tenía de tan especial el nuevo lenguaje de los sapiens que nos permitió conquistar el mundo?"

"Una segunda teoría plantea que nuestro lenguaje único evolucionó como una variante del chismorreo. Según esta teoría, Homo sapiens es ante todo un animal social. La cooperación social es nuestra clave para la supervivencia y la reproducción. No basta con que algunos hombre y mujeres sepan el paradero de los leones y los bisontes. Para ellos es mucho más importante saber quién de su tropilla odia a quién, quién duerme con quién, quién es honesto y quien es tramposo,"

"... pero la característica realmente única de nuestro lenguaje no es la capacidad de trasmitir información sobre los hombres y los leones. Más bien es la capacidad de transmitir información acerca de las cosas que no existen en absoluto. Hasta dónde sabemos, solo los sapiens pueden hablar acerca de tipos enteros de entidades que nunca han visto, ni tocado ni oído.
Leyendas, mitos, dioses y religiones aparecieron por primera vez con la revolución cognitiva."

"Pero la ficción nos ha permitido no solo imaginar cosas, sino hacerlo colectivamente. Podemos urdir mitos comunes tales como la historia bíblica de la creación, los mitos del tiempo del sueño de los aborígenes australianos, y los mitos nacionalistas de los estados modernos. Dichos mitos confirieron a los sapiens la capacidad sin precedente de cooperar flexiblemente en gran número."

"¿Cómo consiguió el Homo sapiens cruzar el umbral crítico, y acabar fundando ciudades que contenía decena de miles de habitantes e imperios que gobernaban a cientos de millones de personas? El secreto fue seguramente la aparición de la ficción. Un gran número de extraños pueden cooperar con éxito si creen en mitos comunes."

"Contar relatos efectivos no es fácil. La dificultad no estriba en contarlos, sino en convencer a todos y cada uno para que los crean. Gran parte de la historia gira alrededor de esta cuestión: ¿cómo convencer uno a millones de personas para que crean determinadas historias sobre dioses, o naciones, o compañías de responsabilidad limitada? Pero cuando esto tiene éxito, confiere un poder inmenso a los sapiens, porque permite a millones de extraños cooperar y trabajar hacia objetivos comunes."

"Una realidad imaginada no es una mentira. Yo miento cuando digo que hay un león cerca del río y sé perfectamente bien que no hay ningún león. No hay nada especial acerca de las mentiras. (...) A diferencia de la mentira, una realidad imaginada es algo en lo que todos creen y, mientras esta creencia comunal persista, la realidad imaginada ejerce una gran fuerza en el mundo."

NEXUS.



"Tan solo la lista de nuestros descubrimientos, inventos y conquistas llenarían volúmenes. Pero el poder no es sabiduría (...) no parece que toda esta información haya dado respuestas a las grandes preguntas de la vida: ¿quiénes somos? ¿a qué debemos aspirar? ¿qué es una buena vida? y ¿cómo deberíamos vivirla?"

"¿Por qué somos tan buenos a la hora de acumular más información y poder pero tenemos  mucho menos éxito a la hora de adquirir sabiduría?"

"El poder siempre surge de la cooperación entre un gran número de personas."

"...analizar la información en detalle y descubrir verdades importantes no garantiza que usemos sabiamente las capacidades resultantes."

"La mitología y la burocracia son pilares gemelos sobre los que se apoya toda la sociedad a gran escala."


EL INFINITO EN UN JUNCO.



"Hablemos por un momento de ti, que lees estas líneas. Ahora mismo, con el libro abierto entre las manos, te dedicas a una actividad misteriosa e inquietante, aunque la costumbre te impide asombrarte por lo que haces. Piénsalo bien. Estás en silencio, recorriendo con la vista hileras de letras que tiene sentido para ti y te comunican ideas independientes del mundo que te rodea ahora mismo. Te has retirado, por decirlo así, a una habitación interior donde te hablan personas ausentes, es decir, fantasmas visibles solo para ti (en este caso mi yo espectral) y dónde el tiempo pasa al compás de tu interés o tu aburrimiento. Has creado una realidad paralela parecida a la ilusión cinematográfica, una realidad que depende solo de ti. Tú puedes. en cualquier momento, apartar los ojos de estos párrafos y volver a participar de la acción y el movimiento del mundo exterior. Pero mientras tanto permaneces al margen, donde tú has elegido estar. Hay un aura casi mágica en todo esto."

"La Biblioteca de Alejandría también tenía antepasados egipcios (...) Hecateo de Abdera (...) Describe como una experiencia exótica su recorrido por un laberinto de salas, patios, pasillos y habitaciones del recinto. En una galería cubierta dice haber visto la biblioteca sagrada sobre la cual se hallaba escrito: "Lugar de cuidado del alma". "

"...el oficio de pensar el mundo existe gracias a los libros y la lectura, es decir, cuando podemos ver las palabras, y reflexionar despacio sobre ellas ..."

"El nacimiento de la filosofía griega coincidió con la juventud de los libros, y no por azar. Frente a la comunicación oral - basada en los relatos tradicionales, conocidos y fáciles de recordar -, la escritura permitió crear un lenguaje complejo que los lectores podían asimilar y meditar con tranquilidad. Además, desarrollar un espíritu crítico es más sencillo para quienes tienen un libro en sus manos - y puede interrumpir la lectura, releer y pararse a pensar - que para el oyente cautivado por un rapsoda."

jueves, 9 de octubre de 2025

LA ÉTICA Y LA MORAL

 ÉTICA Y MORAL.





En términos generales la diferencia entre ética y moral debe buscarse en que la primera es un estudio filosófico y científico mientras la moral es puramente práctica; es decir, la ética habla desde la razón y la reflexión filosófica pero la moral se refiere a los actos que realizamos día a día durante nuestra vida.
Si analizamos etimológicamente ambas palabras nos encontramos con que las dos tienen el mismo significado originario:
• "moral" viene del latín "mos" (costumbre)
• "ética" viene del griego "ethos" (costumbre)
Pero actualmente, con la evolución de la lengua, ambos significados se han ido bifurcando para terminar con dos completamente distintos. 

Comenzamos a analizar qué es la moral para entender su diferencia inicial con la ética. Se trata de una serie de principios, valores o normas que son los que rigen nuestro comportamiento. La moral es la que determina nuestras actuaciones y la que nos marca los límites que no queremos pasar. Actualmente, a la moral también se la conoce como "tener principios" y se refiere a, precisamente, ese cuadro de normas propias que seguimos en nuestro día a día para actuar tal y como nosotros creemos que es correcto.
A nivel sociológico, la moral también puede determinar la cultura y forma de vivir de una sociedad o un colectivo de personas. Algunas normas o principios se transmiten entre diferentes generaciones de un mismo grupo de personas que establecen, así, unos principios morales sobre los que crear su sociedad.


Ahora nos centraremos en el significado de ética. Se trata de reflexionar sobre los principios que formarán luego nuestra moral y, por tanto, es la parte filosófica que determinará el comportamiento al que tendremos que someternos para vivir en sociedad de forma pacífica. Es decir, es el pensamiento previo, la parte reflexiva que conforman nuestros actos.
Por ejemplo, los vegetarianos son un tipo de persona que defiende que por sus principios (por su propia ética) no van a comer carne (moral); esos "principios" han surgido de una reflexión previa sobre la situación quedando resultante la conclusión final: no comer carne.

AsuntoÉticaMoral
ConceptoTeoriza sobre los principios y valores que deben regir la conducta humana.Se refiere a las prácticas y costumbres establecidas según una escala de valores.
CarácterEs una disciplina normativa.Es parte de la tradición de una sociedad.
FundamentoSe funda en la reflexión individual.Se basa en la costumbre social.
MétodoReflexión.Imposición (normas y costumbres).
Alcance en el tiempoPretende construir valores absolutos, universales e imperecederos.Sus valores son relativos a la sociedad que los comparte y cambian de acuerdo a la época y a la ideología dominante.



ACTIVIDADES:
1) DIFERENCIA CON TUS PALABRAS ETICA DE MORAL.
2) INVESTIGA Y EXPLICA LA ÉTICA DE LOS FINES DE ARISTÓTELES.
3) INVESTIGA Y EXPLICA LA ÉTICA FORMAL DE KANT.

miércoles, 1 de octubre de 2025

DE QUÉ VA LA ÉTICA

 

Leamos el capítulo 1 del libro “Ética para Amador” de Fernando Sabater.




DE QUÉ VA LA ÉTICA.

Hay ciencias que se estudian por simple interés de saber cosas nuevas; otras, para aprender una destreza que permita hacer o utilizar algo; la mayoría, para obtener un puesto de trabajo ganarse con él la vi; o de una dietada. Si no sentimos curiosidad ni necesidad de realizar tales estudios, podemos prescindir tranquilamente de ellos. Abundan los conocimientos muy interesantes, pero sin los cuales uno se las arregla bastante bien para vivir: yo, por ejemplo, lamento no tener idea de astrofísica ni de ebanistería, que a los otros le darán tantas satisfacciones, aunque tal ignorancia no me ha impedido ir tirando hasta la fecha. Y tú, si no me equivoco, conoces las reglas del fútbol, pero estás bastante pez en béisbol. No tiene mayor importancia, disfrutas de los mundiales, pasas olímpicamente de la liga americana y todos tan contentos.

Lo que quiero decir es que ciertas cosas uno puede aprenderlas o no, a voluntad. Como nadie es capaz de saberlo todo, no hay más remedio que elegir un aceptar con humildad lo mucho que ignoramos. Se puede vivir sin saber astrofísica, ni ebanistería, ni fútbol, incluso sin saber leer ni escribir: se vive peor, si quieres, pero se vive. Ahora bien, otras cosas hay que saberlas porque en ello, como suele decirse, nos va la vida. Es preciso estar enterado, por ejemplo, de que saltar desde el balcón de un sexto piso no es cosa buena para la salud; o que de una dieta de clavos (¡con perdón de los faquires!) y ácido prúsico no permite llegar a viejo. Tampoco es aconsejable ignorar que si uno cada vez que se cruza con el vecino le atiza un mamporro las consecuencias serán antes o después desagradables. Pequeñeces así son importantes. Se puede vivir de muchos modos, pero hay modos que no dejan vivir.

En una palabra, entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no. No nos conviene ciertos alimentos ni nos convienen ciertos comportamientos ni ciertas actitudes. Me refiero, claro está, a que no nos convienen si queremos seguir viviendo. Si lo que uno quiere es reventar cuanto antes, beber lejía puede ser muy adecuado o también procurar rodearse del mayor número de enemigos posibles. Pero de momento vamos a suponer que lo que preferimos es vivir: los respetables gustos del suicida los dejaremos por ahora de lado. De modo que algunas cosas nos convienen y a lo que nos conviene solemos llamarlo “bueno” porque nos sienta bien; otras, en cambio, nos sientan pero que muy mal y a todo eso lo llamamos “malo”. Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir –todos sin excepción- por la cuenta que nos trae.

Como he señalado antes, hay cosas buenas y malas para la salud: es necesario saber lo que debemos comer, o que el fuego a veces calienta y otras queman, así como el agua puede quitar la sed, pero también ahogarnos. Sin embargo, a veces las cosas no son tan sencillas: ciertas drogas, por ejemplo, aumentan nuestro brío o producen sensaciones agradables, pero su abuso continuado puede ser nocivo. En unos aspectos son buenas, pero en otros malas: nos convienen y a la vez no nos convienen. En el terreno de las relaciones humanas, estas ambigüedades se dan con aún mayor frecuencia. La mentira es algo en general malo, porque destruye la confianza en la palabra –y todos necesitamos hablar para vivir en sociedad- y enemista a las personas; pero a veces parece que puede ser útil o beneficioso mentir para obtener alguna ventajilla. O incluso para hacerle un favor a alguien. Por ejemplo: ¿es mejor decirle al enfermo de cáncer incurable la verdad sobre su estado o se le debe engañar para que pase sin angustia sus últimas horas? La mentira no nos conviene, es mala, pero a veces parece resultar buena. Buscar gresca con los demás ya hemos dicho que es por lo común inconveniente, pero ¿debemos consentir que violen delante de nosotros a una chica sin intervenir por aquello de no meternos en líos? Por otra parte, al que siempre dice la verdad –caiga quien caiga- suele coger manía todo el mundo; y quien interviene en plan Indiana Jones para salvar a la chica agredida es más probable que se vea con la crisma rota que quien va silbando a su casa. Lo malo y lo bueno tiene en ocasiones apariencia de malo. Vaya jaleo.

Lo de saber vivir no resulta tan fácil porque hay diversos criterios opuestos respecto a qué debemos hacer. En matemáticas o geografía hay sabios e ignorantes, pero los sabios están casi siempre de acuerdo en lo fundamental. En lo de vivir, en cambio, las opiniones distan de ser unánimes. Si uno quiere llevar una vida emocionante, puede dedicarse a los coches de fórmula uno o al alpinismo; pero si se prefiere una vida segura y tranquila, será mejor buscar las aventuras en el video club de la esquina. Algunos aseguran que lo más noble es vivir para los demás y otros señalan que lo más útil es lograr que los demás y otros señalan  que se dediquen aque lo más útil es lograr que los demás vivan para uno. Según ciertas opiniones lo que cuenta es ganar dinero y nada más, mientras que otros arguyen que el dinero sin salud, tiempo libre, afecto sincero o serenidad de ánimo no vale nada. Médicos respetables indican que renunciar al tabaco y al alcohol es un medio seguro de alargar la vida, a lo que responden fumadores y borrachos que con tales privaciones a ellos desde luego la vida se les haría mucho más larga. Etc.

En lo único que a primera vista todos estamos de acuerdo es en que no estamos de acuerdo con todos. Pero fíjate que también esta opiniones distintas coinciden en otro punto: a saber, que lo que vaya a ser nuestra vida es, al menos en parte, resultado de lo que quiera cada cual. Si nuestra vida fuera algo completamente determinado y fatal, irremediable, todas estas disquisiciones carecerían del más mínimo sentido. Nadie discute si las piedras deben caer hacía arriba o hacia abajo: caen hacia abajo y punto. Los castores hacen presas en los arroyos y las abejas panales de celdillas hexagonales: no hay castores a los que tiente hacer celdillas de panal, ni abejas q a la que se dediquen a la ingeniería hidráulica. En su medio natural, cada animal parece saber perfectamente lo que es bueno y lo que es malo para él, sin discusiones ni dudas. No hay animales malos ni buenos en la naturaleza, aunque quizás la mosca considere mala a la araña que tiende su trampa y se la come. Pero es que la araña no lo puede remediar…

Voy a contarte un caso dramático. Ya conoces las termitas, esas hormigas blancas que en África levantan impresionantes hormigueros de varios metros de alto y duros como la piedra. Dado que el cuerpo de las termitas es blando, por carecer de coraza quitinosa que protege a otros insectos, el hormiguero les sirve de caparazón colectivo de ciertas hormigas enemigas, mejor armadas que ellas. Pero a veces uno de esos hormigueros se derrumba, por culpa de una riada o de un elefante (a los elefantes les gusta rascarse los flancos contra los termiteros, qué le vamos a hacer). En seguida, las termita-obrero se ponen a trabajar para reconstruir su dañada fortaleza, a toda prisa. Y las grandes hormigas enemigas se lanzan al asalto. Las termita-soldado salen a defender a su tribu e intentan detener a las enemigas. Como ni por tamaño ni por armamento pueden competir con ellas, se cuelgan de las asaltantes intentando frenar todo lo posible su marcha, mientras las feroces mandíbulas de sus asaltantes las van despedazando. Las obreras trabajan con toda celeridad y se ocupan de cerrar otra vez el termitero destruido…pero lo cierran dejando a las pobres y heroicas termitas-soldado, que sacrifican sus vidas por la seguridad de las demás. ¿No merecen acaso una medalla, por lo menos? ¿No es justo decir que son valientes?

Cambio de escenario, pero no de tema. En la Ilíada, Homero cuenta la historia de Héctor, el mejor guerrero de Troya, que espera de pie firme fuera de las murallas de su ciudad a Aquiles, el enfurecido campeón de los aqueos, aun sabiendo que éste es más fuerte que él y que probablemente va a matarle. Lo hace por cumplir su deber, que consiste en defender a su familia y a sus conciudadanos del terrible asaltante. Nadie duda de que Héctor es un héroe, un auténtico valiente. Pero ¿es Héctor heroico y valiente del mismo modo que las termita-soldado, cuya gesta millones de veces repetida ningún Homero se ha molestado en contar? ¿No hace Héctor, a fin de cuentas, lo mismo que cualquiera de las termitas anónimas? ¿Por qué nos parece su valor más auténtico y más difícil que el de los insectos? ¿Cuál es la diferencia entre un caso y el otro?

Sencillamente, la diferencia estriba en que las termita-soldado luchan y mueren porque tienen que hacerlo, sin poderlo remediar (como la araña que se come a la mosca). Héctor, en cambio, sale a enfrentarse con Aquiles porque quiere. Las termita- soldado no pueden desertar, ni rebelarse, ni remolonear para que otras vayan en su lugar: están programadas necesariamente por la naturaleza para cumplir su heroica misión. El caso de Héctor es distinto. Podría decir que está enfermo o que no le da la gana enfrentarse a alguien más fuerte que él. Quizás sus conciudadanos le llamasen cobarde y le tuviesen por caradura o quizás le preguntasen qué otro plan se le ocurre para frenar a Aquiles, pero es indudable que tiene la posibilidad de negarse a ser héroe. Por mucha presión que los demás ejerzan sobre él, siempre podría escaparse de lo que se supone que debe hacer: no está programado para ser héroe, ningún hombre lo está. De ahí que tenga mérito su gesto y que Homero cuente su historia con épica emoción. A diferencia de las termitas, decimos que Héctor es libre y por eso admiramos su valor.

Y así llegamos a la palabra fundamental de todo este embrollo: libertad. Lo animales (y no digamos ya los minerales o las plantas) no tienen más remedio que ser tal como son y hacer lo que están programados naturalmente para hacer. No se les puede reprochar que lo hagan ni aplaudirles por ello porque no saben comportarse de otro modo. Tal disposición obligatoria les ahorra sin duda muchos quebraderos de cabeza. En cierta medida, desde luego, los hombres también estamos programados por la naturaleza. Estamos hechos para beber agua, no lejía, y a pesar de todas nuestras precauciones debemos morir antes o después. Y de modo menos imperioso pero parecido, nuestro programa cultural es determinante: nuestro pensamiento viene condicionado por el lenguaje que le da forma (un lenguaje que se nos impone desde fuera y que no hemos inventado para nuestro uso personal) y somos educados en ciertas tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyenda…; en una palabra, que se nos inculcan desde la cunita unas fidelidades y no otras. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante previsibles. Por ejemplo, Héctor, ese del que acabamos de hablar. Su programación natural hacía que Héctor sintiese necesidad de protección, cobijo y colaboración, beneficios que mejor o peor encontraba en su ciudad de Troya. También era muy natural que considerara con afecto a su mujer Andrómaca –que le proporcionaba compañía placentera- y a su hijito, por el que sentía lazos de apego biológico. Culturalmente, se sentía parte de Troya y compartía con los troyanos la lengua, las costumbres, las tradiciones. Además, desde pequeño le habían educado para que fuese un buen guerrero al servicio de la ciudad y se le dijo que la cobardía era algo aborrecible, indigno de un hombre. Si traicionaba a los suyos, Héctor sabía que se vería despreciado y que le castigarían de uno u otro modo. De modo que también estaba bastante programado para actuar como lo hizo, ¿no? Y sin embargo…

Sin embargo, Héctor hubiese podido decir: ¡a la porra con todo! Podría haberse disfrazado de mujer para escapar por la noche de Troya, o haberse fingido enfermo o loco para no combatir, o haberse arrodillado ante Aquiles ofreciéndole sus servicios como guía para invadir Troya por su lado más débil; también podría haberse dedicado a la bebida o haber inventado una nueva religión que dijese que no hay que luchar contra los enemigos sino poner la otra mejilla cuando nos abofetean. Me dirás que todos estos comportamientos hubiesen sido bastante raros, dado quien era Héctor y la educación que había recibido. Pero tienes que reconocer que son hipótesis imposibles, mientras que un castor que fabrique panales o una termita desertora no son algo raro sino estrictamente imposible. Con los hombres nunca puede uno estar seguro del todo, mientras que con los animales o con los seres naturales sí. Por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podemos optar finalmente por algo que no esté en el programa (al menos, que no esté del todo). Podemos decir “sí” o “no”, quiero o no quiero. Por muy achuchados que nos veamos por las circunstancias, nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios. 

Cuando te hablo de libertad es a esto a lo que, me refiero. A lo que nos diferencia de las termitas y de las mareas, de todo lo que se mueve de modo necesario e irremediable. Cierto que no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también cierto que no estamos obligados a querer hacer una solo cosa. Y aquí conviene señalar dos aclaraciones respecto a la libertad:

Primera: no somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos, que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las cavernas, defender Troya o huir, etc.).

Segunda: Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible). Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad. Soy libre de querer subir al monte Everest, pero dado mi lamentable estado físico y mi nula preparación en alpinismo es prácticamente imposible que consiguiera mi objetivo. En cambio, soy libre de leer o no leer, pero como aprendí a leer de pequeñito la cosa no me resulta demasiado difícil si decido hacerlo. Hay cosas que dependen de mi voluntad (y eso es ser libre) pero no todo depende de mi voluntad (entonces sería omnipotente), porque en el mundo hay otras muchas voluntades y otras muchas necesidades que no controlo a mi gusto. Si no me conozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estrellará una y otra vez contra lo necesario. Pero, cosa importante, no por ello dejaré de ser libre…. aunque me escueza.

En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad, desde terremotos o enfermedades hasta tiranos. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza. Si hablas con la gente, sin embargo, verás que la mayoría tiene mucha más conciencia de lo que limita su libertad que de la libertad misma. Te dirán: “¿Libertad? ¿Pero de qué libertad me hablas? ¿Cómo vamos a ser libres, si nos comen el coco desde la televisión, si los gobernantes nos engañan y nos manipulan, si los terroristas nos amenazan, si las drogas nos esclavizan, y si además me falta más dinero para comprarme una moto, que es lo que yo quisiera?” En cuanto te fijes un poco, verás que los que así hablan parece que se están quejando, pero en realidad se encuentran muy satisfechos de saber que no son libres. En el fondo piensan: “¡Uf! ¡Menudo peso nos hemos quitado de encima! Como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de los que nos ocurra…” Pero yo estoy seguro de que nadie –nadie- cree de veras que no es libre, nadie acepta sin más que funciona como un mecanismo inexorable de relojería o como una termita. Uno puede considerar que opta libremente por ciertas cosas en ciertas circunstancias es muy difícil (entrar en una casa en llamas para salvar a un niño, por ejemplo, o enfrentarse con firmeza un tirano) y que es mejor decir que no hay libertad para no reconocer que libremente se prefiere a lo más fácil, es decir, esperar a los bomberos o lamer botas que le pisan a uno el cuello. Pero dentro de las tripas algo insiste en decirnos: “Si tu hubieras querido…”

Cuando cualquiera se empeñe en negarte que los hombres somos libres, te aconsejo que le apliques la prueba del filósofo romano. En la antigüedad, un filósofo romano discutía con un amigo que le negaba la libertad humana y aseguraba que todos los hombres no tienen más remedio que hacer lo que hacen. El filósofo cogió su bastón y comenzó a darle estacazos con toda su fuerza. “¡Para, ya está bien, no me pegues más!”, le decía el otro. Y el filósofo, sin dejar de zurrarle, continuó argumentando: “¿No dices que no soy libre y que lo que hago no tengo más remedio que hacerlo? Pues entonces no gastes saliva pidiéndome que pare: soy automático.” Hasta que el amigo no reconoció que el filósofo podía libremente dejar de pegarle, el filósofo no suspendió su paliza. La prueba es buena, pero no debes utilizarla más que en último extremo y siempre con amigos que no sepan artes marciales…

En resumen: a diferencia de otros seres, vivos o inanimados, lo hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que, a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética. De ello, si tienes paciencia, seguiremos hablando en las siguientes páginas de este libro.